[Oct. 2007] La cámara Olympus E-3 y los nuevos objetivos Cuatro Tercios.
Cuatro años es mucho tiempo en el mundo de la fotografía actual. ¿Ha merecido la pena esperar tanto para conocer el nuevo buque insignia de Olympus? Acompáñame para averiguarlo.

[Oct. 2007] Sonimag 2007 comentado.
Como cada dos años se ha celebrado a principios de octubre la exhibición española más importante de material fotográfico, Sonimag. ImagenLibre no podía faltar a la cita y aquí tienes el artículo. Lo acompaña una galería fotográfica con los productos más interesantes. ¡De lectura obligada!

[Ago. 2007] La semana fantástica.
Por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender, las grandes marcas eligen agosto para presentar las mejores novedades del año. Esta vez, la semana del 20 de agosto de 2007 será recordada por los entusiastas de la fotografía como un ejemplo del avance imparable de la digitalización del sector y de las cámaras réflex en particular.

[May. 2007] Prueba del objetivo Canon 10-22 mm. F3,5-4,5 EF-S USM
Pocas veces la lógica de los departamentos de Marketing está tan reñida con el producto final como en el caso de los objetivos Canon EF-S. He probado este ultra gran angular cuyos excelentes resultados se pierden en la política de comunicación de una empresa que tiene el corazón partido por culpa de sus cámaras de sensor de paso universal. Pero lo mejor es que leas la prueba


La cámara Olympus E-3 y los nuevos objetivos Cuatro Tercios.
(Artículo dedicado a Pepe "Kodiak")
Ha costado. Ha costado mucho, tanto para los adictos a Olympus como para el propio fabricante, que ha perdido prácticamente toda su incipiente implantación en el mundo de los profesionales que se apuntaron en el 2003 al intento más ambicioso de renovación de la fotografía réflex capitaneado por Olympus: el sistema Cuatro Tercios.

Si se echa la vista atrás, el sistema Cuatro Tercios presentaba en el momento de su lanzamiento notables ventajas: reducción de peso, de tamaño y de precio gracias a un sensor (13 x 17 mm.) más pequeño que sus incipientes competidores: el sensor de paso universal (24 x 36 mm.) y el APS-C (15 x 23 mm.) En especial estas ventajas se materializarían en toda la gama de objetivos por su círculo de imagen más pequeño y ajustado al nuevo estándar.

Otra gran ventaja, nacida directamente del estándar, era la montura 100% compatible entre objetivos y cámaras de diferentes fabricantes, algo desconocido en la historia de la fotografía de consumo donde los fabricantes de cámaras con objetivos intercambiables han utilizado el diseño de sus monturas para proteger su negocio y pillar de por vida a sus clientes con objetivos y cámaras inservibles si se cambiaban a un sistema de otro fabricante.

La tercera gran ventaja del Cuatro Tercios según Oly es el diseño de sus objetivos, optimizados para formar la imagen sobre un sensor en vez de sobre una película fotosensible. Los sensores tienen una estructura tridimensional, con depresiones microscópicas en su superficie que alojan, en el fondo de las mismas, a los elementos fotosensibles. Por contra, el material fotosensible químico actúa básicamente en la superficie de la película. Esta sutil diferencia hace que el rendimiento del sensor decrezca rápidamente si los rayos de luz que inciden sobre él se alejan de la dirección perpendicular a su superficie. En el diseño clásico de los objetivos con distancias focales cortas los rayos de luz de la periferia de la imagen inciden de manera oblicua sobre el plano focal ocupado por el elemento fotosensible; lo que es prácticamente irrelevante si éste es de naturaleza química pero -todo según Oly- que se vuelve un desastre si se trata de un sensor electrónico. Al diseñar los objetivos teniendo en cuenta este hecho, los grandes angulares de la marca poseen un rendimiento mejorado en los bordes de la imagen.

Para acabar de redondear su apuesta Olympus desarrolló el primer sistema de limpieza del sensor, uno de los puntos débiles de la competencia. Tan bueno es que, hoy por hoy, sus rivales siguen sin igualarlo.

Dicho y hecho, Oly materializó su ambicioso sueño de reinventar la fotografía réflex subida al purasangre desbocado de la novísima tecnología digital y lanzó la E-1, cuatro objetivos y un flash. Como ya comenté en su día, mis objeciones al sistema eran comerciales; Oly aspiraba a entrar de golpe en el Olimpo (nunca mejor dicho) de la fotografía réflex profesional, castillo casi inexpugnable habitado por Canon y Nikon. Pronto se dio cuenta de que el futuro del Cuatro Tercios estaba en la base de la pirámide de ventas y se entregó con furia a las cámaras pequeñas, ligeras y baratas, elementos en los que es más fácil materializar las ventajas del sistema. Bueno, a eso y a establecer una gama impresionante de objetivos a los que sólo les faltaba la estabilización óptica y el motor de enfoque ultrasónico.

Cuatro años le han permitido madurar su postura y redefinir su estrategia. Oly sabe que tiene materia prima más que de sobra para alcanzar ese codiciado tercer puesto, detrás de Canon y Nikon, al que tantos grandes nombres de la fotografía y de la electrónica aspiran o han aspirado. El anuncio de la sucesora de la E-1, denominada E-3, cuatro nuevos objetivos y dos flashes viene a redefinir su oferta en lo que se puede denominar Cuatro Tercios Versión 2 o Cuatro Tercios Reloaded (en clave cinematográfica). Vamos a verlo.

La E-3 llena el hueco más doloroso para Olympus: el semiprofesional. Es lo que había que hacer, por mucho que su departamento de marketing intente hacerla parecer profesional. De hecho, apunta directamente al segmento de producto que Nikon creo con la D200. Oly tiene que parar la sangría de aficionados entusiastas (probablemente el segmento de clientela más rentable) que, deseosos de dar el salto a una cámara más potente, veían con desespero la vetustez de la E-1 y se planteaban cambiar de sistema. Pues, ¡enhorabuena Oly! se ha conseguido el objetivo. La E-3 tiene lo que hay que tener: un cuerpo robusto, sellado, con la opción de la empuñadura, estabilización en el sensor, visor de calidad con cobertura del 100% del campo visual y gran factor de ampliación (1,15x), sistema de enfoque de 11 puntos en cruz sabiamente repartidos por todo el campo visual, muy sensible (-2EV) y rápido, obturador de larga duración, vista previa con pantalla de 2,5" orientable (a la Panasonic L10), 5 imágenes por segundo, abundante memoria intermedia, flash integrado con capacidad para controlar los nuevos flashes externos... Como se puede ver, una sabia mezcla de prestaciones que incluyen algunas propias de las cámaras profesionales como la cobertura del visor, los sellos ambientales del cuerpo o la pantalla de enfoque intercambiable.

¿Y el sensor? ¿Qué pasa con él? Pues nada, otra vez se recurre a Panasonic y su Live MOS de 10 Mpíxeles. Oly sigue dependiendo de terceros para conseguir sus sensores y sigue sin convencer a Sony, el principal fabricante de sensores utilizados en fotografía, para que fabrique un sensor Cuatro Tercios. Aquí Oly lo tiene difícil porque el aficionado que busca un sistema réflex sabe de las bondades que se desprenden de los sensores grandes cuando se dispara a sensibilidades altas. Poco ruido digital y resolución elevada es una ecuación de resolución tanto más difícil cuanto más pequeña sea la superficie del sensor. Y con la competencia firmemente establecida en el formato APS-C y la pareja Canon-Nikon coqueteando con el paso universal, no se avecinan buenos tiempos para un sensor tan chiquitín.

Me ha gustado la E-3. Me ha gustado mucho, salvo en una cosa: su precio. Oly parece repetir el error cometido con la E-1 y pretende cobrar 2.200 €. No sabe lo que hace o no ha mirado las tarifas de precios de la competencia. Ni siquiera la nueva D300, que le supera claramente en prestaciones, va a salir con un precio tan alto. Por otro lado la K10D de Pentax (700 €) y la nueva Sony Alfa 700 (1.400 €) cuestan mucho, pero que mucho menos. ¡la propia Oly E-510 cuesta tres veces menos! Esto sólo puede tener una explicación; hacer caja con los desesperados fieles a la marca que ya se roen los huesos de los dedos por la impaciencia para ponerle la mano encima y, cuando pase el pico de ventas inicial y se llenen las estanterías de los almacenas de la fábrica, echarse por el eslalon gigante de la caída de precios hasta los 1.300-1.400 € que es el precio razonable tal como está el mercado.

En cuanto a objetivos, Olympus sigue produciendo nuevos modelos como si fuesen churros, dotándolos de ese aire Zuiko tan propio de la marca y que demuestra su maestría en el campo de la óptica. En esta ocasión las novedades son una mezcla de objetivos nuevos y otros renovados. Empezare por el exquisito 14-35 mm. F2 SWD, réplica del clásico 28-70 mm. F2,8 en paso universal pero con un diafragma más de luminosidad, con sellos ambientales y, por primera vez en la gama Zuiko, con motor de enfoque ultrasónico denominado SWD. Un objetivo de gama alta al que sólo le falta demostrar que su calidad óptica está a la altura del elevado precio con que saldrá al mercado a principios de 2008. Sin duda, será un gran compañero de la nueva E-3, junto con el famoso 7-14 mm. F4 y el 35-100 mm. F2

La gama media recibe un buen empujón con el zoom de 5 aumentos 12-60 mm. F2,8-4 SWD, dotado de sellos ambientales. Encuadra como un 24-120 mm. en paso universal, perfecto como todo terreno para los que prefieren cargar poco peso y cambiar de objetivo en contadas ocasiones. Su complemento perfecto es el 50-200 mm. F2,8-3,5 SWD, versión renovada de uno similar al que, esta vez, se le dota del motor ultrasónico de enfoque. Oly está dispuesta a actualizar sus ópticas con el nuevo motor que divide por dos el tiempo necesario para enfocar y que mejora la capacidad de seguimiento de los sujetos en modo de enfoque continuo. Que Oly mime a su gama de objetivos es lógico; al fin y al cabo es el activo más valioso de su sistema Cuatro Tercios.

Completan este anuncio el 70-300 mm. F4-5,6, un tele de largo alcance y de modesta abertura máxima perteneciente a la gama barata, y el multiplicador 2x. También se anuncia la renovación de los dos flashes para soportar el control remoto a través del flash interno de la E-3, una carencia a la que por fin se le pone remedio.

La conclusión es evidente: Olympus ha conseguido construir desde cero un sistema réflex completo alrededor del concepto Cuatro Tercios que cuenta en la actualidad con tres modelos de cámara, diecisiete objetivos, dos flashes externos y multitud de accesorios. Todas sus cartas están puestas boca arriba en la mesa de juego donde se dirime el futuro de la fotografía actual. ¿Tiene triunfos suficientes para asegurarse, sino el liderazgo, al menos un honroso tercer puesto? Pronto lo sabremos.


La semana fantástica.
Los anuncios "por sorpresa" de las grandes empresas fotográficas se están convirtiendo en todo un ejercicio de marketing guerrillero perfectamente planificado. La digitalización de la fotografía ha acortado en gran medida la vida media de sus productos, producto del avance imparable de la parte electrónica del asunto y por la ávida demanda de un público cada vez más decidido a mejorar sus fotografías tirando de equipo nuevo (que ésta sea la mejor forma de hacerlo es cuestionable, pero es lo que hay, y los fabricantes están encantados de encontrar compradores para sus productos, faltaría más).

A medida que las cámaras de Canon envejecen, se adivinan los modelos y las fechas en que sus sustitutas se presentan. Tras la salida al mercado y el fiasco posterior de la 1D MK3, le tocaba el turno a las sucesoras de tres cámaras: la 1Ds MK2, la 30D y la 5D. Canon calentó el ambiente con un goteo de información escaso pero contundente: dos imágenes de la sucesora de la 30D y diversas versiones de las especificaciones de la misma circularon como pólvora por los mentideros de Internet a velocidad digital y fueron objeto de interminables discusiones en los foros especializados.

Pero la bomba se lanzó el domingo 19 de agosto: Amazon, que nunca antes se había prestado al juego, puso a la venta, precio incluido, los dos modelos que se iban a anunciar al día siguiente: la 40D y la 1Ds MK3. Anuncio cuidadosamente planificado, con retirada de los productos a las pocas horas de ver la luz, que consiguió lo que se pretendía; todo el mundo hablaba de ellos. Y razón no les faltaba a los apasionados por la fotografía, ya que las prestaciones de ambos eran más que notables.

Pero la sombra amarilla se cernía amenazante sobre Canon. Nikon llevaba tiempo haciéndose de rogar por sus fieles seguidores para que satisficiese sus deseos de una mejora del ruido a sensibilidades altas y del desarrollo de cámaras con un sensor mayor que el estándar de la casa (denominado DX y que no es más que el tamaño APS-C de 15 por 23 mm.) La estrategia de Nikon para calentar el ambiente fue diferente. Utilizó a los dueños de ciertas páginas que, aunque no muy conocidas, son leídas con fervor religioso por sus clientes, para que éstos "revelasen" la inminencia de un gran anuncio el día antes de la inauguración de los mundiales de atletismo de Osaka. La fecha elegida era el 23 de agosto. ¿Y qué se iba a desvelar? Según los comentarios de estos "elegidos", sería una auténtica bomba, pero no dijeron nada más.

Ante tales vaguedades la mayoría apostaba por una sucesora de la D2H, el mayor fracaso de Nikon en la era digital. Otros apostaban por una cámara de paso universal. En fin, la ceremonia del despiste funcionó a la perfección y Nikon consiguió anular el efecto del anuncio previo de Canon con dos cámaras nuevas, una sorprendente (D3) y otra (D300), no tanto. Pero mejor que siga el orden cronológico para narrar los acontecimientos.

La 40D es la sexta cámara de una saga que, junto con la serie 1 digital, ha cimentado a lo largo de siete años el liderazgo de Canon en el campo de las réflex digitales. ¿Es necesario recordar todos los modelos? Tampoco cuesta tanto: D30, D60, 10D, 20D, 30D... De modelos revolucionarios hasta la simple -y aburrida- evolución final, la gama xxD se estaba agotando, probablemente víctima de su propio éxito. Y mientras, los usuarios de estos modelos pedían, novedad tras novedad, las mismas prestaciones que Canon cicateramente les negaba como patrimonio exclusivo de sus carísimos modelos profesionales: sellos anti polvo y anti humedad, enfoque automático de calidad, visor más grande y luminoso, por citar algunos ejemplos. Nikon, sabiamente, leyó el descontento de la clientela de su rival y se inventó la D200, a medio camino entre sus modelos para el aficionado exigente y el profesional. Si los foros son representativos del mercado, la D200 invirtió la corriente de migraciones de Nikon a Canon y erosionó en parte la previsión de ventas de la 30D, que se vio sujeta a descuentos en el precio impensables para el líder.

Dicen los teóricos en gestión empresarial que no hay nada como las malas cifras de ventas para espabilar a las empresas víctimas de la autocomplacencia producto del liderazgo. Algo así debe haber pasado en Canon, que ha dejado de tontear con meras revisiones y ha apostado fuerte en la 40D. Tampoco es que lo haya hecho a fondo; más bien ha apretado el acelerador a medio gas, pero algo es algo. De entrada ha revisado elementos optomecánicos que forman parte del corazón de una réflex: el visor ha ganado factor de ampliación (de 0,90x a 0,95x) y un poco más de pupila de salida, lo que consigue que se vea todo más grande y se pueda separar más el ojo sin perder la visión completa de la imagen que se forma en el visor (¡cuánto lo agradecemos los que llevamos gafas!). El sistema de enfoque, aunque sigue con el mismo número y la misma disposición de puntos de enfoque (ocho en rombo alrededor de uno central), mejora sustancialmente al aportar sensibilidad al contraste tanto vertical como horizontal en los puntos periféricos, mientras que el central triplica su precisión siempre que se utilicen objetivos F2,8 o más luminosos. Un gran cambio, si lo comparamos con el enfoque automático de la 20D y de la 30D, cuyo punto central era el único sensible al contraste en dos direcciones, y el resto sólo a una.

Hasta aquí, los grandes avances. El resto de mejoras van de lo previsible a lo aburrido. El sensor, de tamaño APS-C, tiene 10 Mpíxeles: estaba cantado, desde la adopción de la misma resolución para la 400D, cámara destinada al simple aficionado. Como era de esperar, se ha revisado su diseño para mejorar la sensibilidad y disminuir en lo posible el aumento de ruido asociado a la reducción del tamaño de los elementos fotosensibles, efecto adverso debido al aumento de la resolución. La digitalización de la imagen pasa de 12 a 14 bits por canal en el proceso interno de las imágenes y en el almacenamiento de los ficheros RAW. El sistema de limpieza del sensor se incorpora por primera vez a la gama xxD, compartiéndolo también con la 400D y con la 1D MK3. Otra novedad, heredada de ésta y que está de moda es la vista previa, que permite hacer fotos utilizando la pantalla LCD trasera como visor. En fin, no me voy a detener en esta prestación de la que soy detractor; basta con decir que es útil para macrofotografía.

La interfaz de usuario ha adoptado la inevitable pantalla de 3 pulgadas de diagonal, algo innecesario si se hubiese mejorado la de 2,5 pulgadas de la 30D aumentando su resolución de QVGA a VGA y mejorado su luminosidad y su fidelidad al color. Pero las modas son las modas y el marketing es rey, así que toma pantallón con la escasa resolución QVGA y que obliga a mover los botones verticales de la izquierda a una extraña posición horizontal inferior, tan juntitos al borde de la cámara que parece que se vayan a caer de un momento a otro... Al menos se ha rediseñado la navegación por los menús para que sea similar a las nuevas cámaras de la serie 1 y a los futuros modelos de la casa.

Aunque más humilde, el nuevo botón AF-ON hará las delicias de los aficionados a la foto deportiva, ya que permite separar el accionamiento del enfoque automático del disparador a la vez que libera un tercer botón -el famoso asterisco Canoniano- para el bloqueo de la exposición.

El obturador se ha rediseñado para aumentar tanto su vida útil como la velocidad en ráfaga, que pasa de 5 a 6,5 disparos por segundo. Si nos fijamos en las tripas de la cámara, vemos que se mantiene el material de la estructura interna: policarbonato (plástico, para entendernos) con inserciones de metal. Ya se podían haber estirado y fabricarlo del mismo material que recubre la gama xxD desde la 10D: la aleación de magnesio. Canon se resiste a mejorar este aspecto que garantiza la perfecta alineación de los componentes de la cámara ante los inevitables golpes o los repetidos cambios de objetivo. Igual nos dan una alegría cuando llegue la 50D.

Probablemente el aspecto más revolucionario de la cámara sea su precio. De salida se sitúa en 1.150 €, algo sorprendente para una cámara de estas prestaciones. Canon se ha aplicado aquello de "cuando un producto no puede destacar por prestaciones, que lo haga por precio". Parece como si se intentase alejar toda comparación posible con la D200 o su sucesora gracias a un precio sensiblemente inferior. ¿No es ésta la mejor prueba del liderazgo de Nikon en la gama semiprofesional?

Pues vamos con la segunda novedad: señoras y señores, ante ustedes su majestad la 1Ds MK3. ¿Cómo denominar a la reina de la resolución, con sus 21 millones de píxeles, cinco imágenes por segundo y sensibilidad máxima de 3200 ISO? ¿Y por qué ha despertado tan poca expectación?

Seguramente por su previsibilidad. Al fin y al cabo, incorpora las mismas novedades que introdujo anteriormente su hermana deportiva, la 1D MK3: limpieza del sensor, interfaz de usuario completamente rediseñada, pantallón de 3 pulgadas, sistema de enfoque completamente nuevo y muy criticado por parte de los usuarios, vista previa en la pantalla trasera, etc. Está claro que Canon no tiene rival en la gama alta del paso universal. Sólo compite con las cámaras de formato medio, en particular con las de menor resolución, tales como la Mamiya ZD o la siempre retrasada Pentax 645 digital. Y esto se nota en el precio, por encima de los 8.000 €; ventajas de ocupar en exclusiva un segmento del mercado.

Para acabar de redondear el anuncio, Canon se descuelga con una versión nueva de un clásico en el mundo de los objetivos ultra gran angulares: el 14 mm. F2,8 L. Si lo relacionamos con la reciente actualización del zoom 16-35 F2,8 L, queda claro que Canon está intentando resolver la merma de calidad en los bordes de la imagen que sufren sus cámaras de paso universal cuando se utilizan objetivos grandes angulares. Los precios de ambos así lo sugiere; son carísimos. Como para que no den buenos resultados con la nueva cámara.

¿Y Nikon? ¿Qué ha ofrecido y cuál es su importancia?. Empecemos por lo más de lo más: la D3. Es la cámara que rompe la hegemonía del formato DX (APS-C, factor de recorte de 1,5x o sensor de 23 mm. x 15 mm. de tamaño) para dar paso al formato FX, curioso nombre que Nikon otorga al paso universal. Ahora los fieles de la marca amarilla ya no pueden quejarse: tienen las mismas opciones y quebraderos de cabeza que los fieles de Canon. ¿O sí que pueden? Pues creo que sí. Y no porque Nikon juegue a dos tamaños de sensor, cosa lógica si se tiene en cuenta que, a diferencia de tiempos pasados, la "película" digital es el sensor y no puede cambiarse durante la vida útil de la cámara. La queja viene porque Nikon, a diferencia de Canon, había desarrollado una gama completa de cámaras con formato DX y ahora deja en la estacada a los profesionales y aficionados con posibles y ganas que optaron por cámaras y objetivos DX alto de gama y que, a partir de ahora, no podrán adquirir una cámara profesional si no cambian al formato FX. Nikon debería haber sido clara al respecto y comprometerse a mantener un modelo profesional DX. O, mejor todavía, haber anunciado la D3dx con el sensor de la D300 pero con el cuerpo derivado de la D3.

Y es que Nikon ha jugado la carta D3 estilo comodín: es como una navaja suiza, que sirve para todo. ¿De verdad? Veamos. El sensor tiene 12 Mpíxeles, así que de momento nos olvidamos de competir con el formato medio o de hacer ampliaciones murales, que seguirán siendo patrimonio de la 1Ds y de los respaldos digitales. ¿Vista previa? Sí, pero sin pantalla orientable. En cuanto a foto deportiva, destino al que parece orientada con su nuevo sistema de enfoque de 51 puntos (de los que 15 son sensibles al contraste vertical y horizontal) y su ráfaga de 9 imágenes por segundo, tiene el defecto de su propio formato, que obliga a utilizar teleobjetivos de más alcance para competir con el formato DX propio o con la 1D MK3 de Canon, que se sitúa en tierra de nadie con el factor de recorte 1,3x. Dicho en plata, lo que encuadra la D2x con un 400 mm. lo hace la 1Ds MK3 con un 460 mm. y la nueva D3 con un ¡600 mm! Pero, argumentaría un defensor a ultranza de la D3, sus niveles de ruido son increíblemente bajos, algo demandado hasta la saciedad por los pocos fotógrafos deportivos de la marca. Vale, lo que te dan con una mano te lo quitan con la otra, sería la respuesta de un crítico: tengo ruido bajo, ya puedo disparar en instalaciones deportivas con iluminación artificial, pero ¿de dónde saco la pasta que cuesta un 500 o un 600 mm. Nikkor, y cómo lo transporto sin deslomarme?

Al final y si se confirma el bajo nivel de ruido de la cámara (que exhibe sin pudor un rango de sensibilidades que llega a los 6.400 ISO en modo normal y hasta los 25.000 ISO en modo forzado) lo que Nikon ofrece de verdad es el liderazgo en el ruido a sensibilidades altas. Francamente, lo que mejor le hubiese venido a su clientela es una D3dx de 12 Mpíxeles y, en el futuro, una D3fx con una resolución entre 16 y 22 Mpíxeles. Lo que nos lleva directamente al meollo del asunto: la dificultad persistente de Nikon para controlar el aprovisionamiento de sensores. Los ejemplares que equipan a la D3 y a la D300, ¿son de Sony, de Nikon o el fruto de una colaboración conjunta con un tercero? La historia tortuosa de los sensores incluidos en sus cámaras demuestra que Nikon se ha visto obligada a diseñarlas contando en cada momento con lo que el mercado le quería ofrecer. De ahí cosas tan curiosas como la sensibilidad de base, a veces 200 ISO, a veces 100, o la tecnología empleada en su fabricación (CCD, CMOS, LBCAST). Pasa el tiempo y Nikon sigue sin cerrar esta herida abierta en una estrategia por otro lado impecable y que da unos frutos excelentes a la hora de fabricar y evolucionar sus cámaras. Es una simple opinión, pero si Nikon hubiera tenido bajo su control la fabricación de los sensores, el anuncio será doble: D3fx y D3dx. La primera destinada a competir con la EOS 1Ds MK3 y la segunda a hacerle frente a la EOS 1D MK3.

La puesta de largo de la D3 se acompaña con cinco objetivos de paso universal. Empieza la fiesta con la revisión del excelente Nikkor 28-70 mm. F2,8. La focal inferior se extiende hasta 24 mm., lo que lo convierte en un clon del famoso Canon 24-70 L, echándose en falta la estabilización óptica. También aprovecha la marca nipona para actualizar sus súper teles: el 400 mm. F2,8, el 500 mm. F4 y el 600 mm. F4, todos ellos dotados de nuevos recubrimientos anti reflejos en sus lentes y de la estabilización óptica, que pasa a denominarse VR II. Finalmente, la auténtica novedad aparece en el mundo exclusivo de los ultra grandes angulares y se trata del increíble 14-24 mm. F2,8, el primer zoom que desciende hasta 14 mm. en paso universal con semejante abertura. Clientes de Nikon, pasen por caja con sus tarjetas de crédito entre los dientes...

Y ahora, la evolución. La D300, fiel al formato DX, es el relevo de la D200, anticipado en el tiempo si se tiene en cuenta que Nikon se tomaba con más calma la sustitución de los modelos previos. En este caso sólo han pasado 19 meses desde el anuncio de la D200, todo un éxito de ventas y totalmente vigente en la actualidad. ¿Estará cambiando Nikon los plazos auto impuestos para renovar su gama, a fin de alinearse con su eterno rival? En cualquier caso, sea bienvenida tanta vitalidad, de la que el comprador sale claramente beneficiado.

Para empezar, se ha aumentado la resolución y el número de disparos en ráfaga. De 10 a 12 Mpíxeles y de 5 imágenes por segundo se pasa a 8 o a 6 en función de que se utilice la empuñadura vertical o no. Así es el progreso; más y mejores prestaciones. Otro punto importante es la adopción del nuevo sistema de enfoque de la D3, especialmente bien dotado para detectar y seguir a sujetos en movimiento si nos atenemos a sus especificaciones: 51 puntos de enfoque con 15 de ellos sensibles al contraste vertical y horizontal. Se repite la receta que tanto éxito tuvo en la D200: incorporar elementos de las cámaras profesionales para cimentar la etiquete de cámara semiprofesional (aunque lo de "semi" da un poco de risa; estas cámaras las compran básicamente los aficionados entusiastas y alguno que le gustaría parecer pro). Bien por Nikon en su atención exquisita a los elementos esenciales de la cámara.

El resto de mejoras son producto lógico de la evolución de la gama. Las ordeno por utilidad decreciente: limpieza del polvo, obturador con una vida media de 150.000 disparos, ajuste fino del enfoque con un máximo de 20 objetivos distintos, reducción del retardo en el disparo y en el bloqueo del espejo, ficheros RAW de 14 bits por canal, pantalla de 3 pulgadas y resolución VGA (cuadruplica el número de píxeles con respecto a la competencia) y vista previa.

¿Qué decir a falta de tenerla en mis manos? Que nos encontramos ante Nikon en toda su grandeza. Presión interna continua para ofrecer un producto cada vez mejor, siempre fiel a una forma de entender la fotografía que prima loe elementos fundamentales que de verdad importan al fotógrafo y con mínimas concesiones a las prestaciones accesorias que sólo gustan al departamento de marketing porque suponen un empujón momentáneo a las ventas. Así es como se hacen clientes fieles a la marca, en vez de cubrir los objetivos del año en curso.

¿Está exenta de riesgos? No. La sensibilidad vuelve a nacer en 200 ISO, con un tope natural en 3.200 ISO y una extensión a 6.400 ISO. Dada la historia del ruido en sus cámaras DX más la reducción en el tamaño de los elementos fotosensibles producto del aumento de la resolución, habrá que ver cómo se comporta en este apartado, en especial a partir de 800 ISO. Resumiendo, es fácil pronosticar otro éxito de ventas tanto por sus especificaciones como por ocupar la categoría semipro sin que la competencia le haga sombra, y eso a pesar de su precio elevado, que oscilará entre los 1.800 € y los 1.500 €

¿Algún pero al anuncio de Nikon? Sí, el de siempre: mientras Canon está suministrando ya la 40D (a dos días del fin de agosto hay ejemplares a la venta en algunas tiendas de Honk-Kong) Nikon aplaza hasta noviembre las dos cámaras. Así que, estimado lector, te toca esperar si la sangre que corre por tus venas tiene color amarillo.