[Abril, 2008] Prueba de la cámara Olympus E-3 y del objetivo Zuiko 12-60 mm. F2,8-3,5
Dice el refrán que el que mucho abarca, poco aprieta. ¿Ha caído en esta trampa Olympus con la E-3 o ha sabido encontrar la cuadratura del círculo? Lee la prueba en profundidad al estilo Imagenlibre y saca tus conclusiones.

[Mayo, 2008] Las tribulaciones de un cambio de monitor (I)
¿Qué problemas inesperados surgen cuando se debe jubilar el viejo y fiable monitor de tubo y comprar una pantalla LCD? Descúbrelo compartiendo mi experiencia, mucho más complicada de lo que esperaba.

[Agosto, 2008] Nueva galería fotográfica: Berlín
Tras un largo periodo de tiempo sin actualizar mi página, he subido una nueva galería aprovechando una corta escapada fotográfico-turística a Berlín.

[Septiembre, 2008] Agradables sorpresas antes de Photokina
Ya no hace falta ir a la mayor feria fotográfica del mundo para conocer, gracias a Internet, las principales novedades que allí se podrán ver y tocar.

[Diciembre, 2008] Nikon D300, probada.
En el tristón mundo de las cámaras réflex APS-C destaca la Nikon D300. ¿Es la mejor cámara APS-C jamás fabricada? Una pregunta difícil, a la que trato de responder con esta prueba. ¡No dejes de leerla!

[Diciembre, 2008] La pregunta de estas fiestas.
Hartos de ver cómo su particular circulo de familiares y amigos se descojonan de verlos cargados como mulas con su equipo fotográfico o de cómo les encasquetan faenas fotográficas a cambio de nada, ahora el fotógrafo aficionado tiene que responder a la pregunta inevitable de las fiestas: ¿qué cámara le regalo a mi hija, primo? A fin de aliviar tan pesada carga, me he solidarizado con mis compañeros de afición y he seleccionado esta monada: la Canon Ixus 80 IS.


Las tribulaciones de un cambio de monitor (I).
Sentado delante de mi viejo monitor Dell de 19 pulgadas, dotado de un excelente tubo de vacío Trinitron de Sony, sigo dándole vueltas a su sustitución. Vaya por delante que no soy un nostálgico de la tecnología: si puedo no mantengo un PC más de cuatro años, he pasado por cinco cámaras digitales en los últimos nueve años e incluso he sucumbido a la bajada espectacular de precios de la EOS 40D y he jubilado mi 10D tras cuatro años y medio y más de 40.000 fotos con ella. La tecnología digital avanza a grandes saltos, lo nuevo ayer os obsoleto mañana y si pretendes tener un sistema digital doméstico equilibrado tienes que evolucionar todas sus partes.

Siendo un aficionado a la fotografía hay que cuidar el ordenador, corazón digital del sistema. La cámara y los objetivos constituyen el ojo, la mano y el cerebro del sistema, pero el ordenador mueve el torrente de bits que va de la captura de la imagen hasta su visualización pasando por su proceso. Si se para el corazón se muere el paciente, así que hay que prestarle atención.

Coincidencias de la vida, el nacimiento de la fotografía digital se ha solapado en el tiempo con el esplendor y el rápido declive del tubo de rayos catódicos (CRT es su acrónimo en inglés), lo que ha permitido que, mientras los CRTs reinaban, la elección del monitor correcto fuese algo sencillo. Como toda tecnología madura, el mercado dejaba claro la calidad de lo que se compraba. Los buenos monitores CRT tenían un precio razonable y -lo mejor de todo- no daban sorpresas a los que, como los fotógrafos, buscábamos la fidelidad de la imagen a la hora de comprarlos. La tecnología CRT de última generación estaba bien adaptada a la reproducción fiel de las imágenes, en parte por sus características físicas y también porque la gestión digital del color se construyó teniendo en cuenta sus posibilidades; un hecho fundamental fue la creación y adopción del espacio de color sRGB y su posterior popularización, puesto que sentó las bases para la reproducción de la imagen en los ordenadores domésticos con un mínimo de calidad y consistencia.

Pero ¡ay! mientras el Dell de 19" me acompañaba en mis aventuras fotográficas, un terremoto sacudía los cimientos de la industria de la visualización digital: las pantallas LCD, al principio monocromáticas y destinadas a la visualización de datos en formatos muy simples, consiguieron miniaturizarse gracias a la adopción de la tecnología de transistores de película fina (TFT en inglés), creando píxeles capaces de reproducir los tres colores básicos; la muerte del tubo de rayos catódicos estaba anunciada. ¿La razón principal? su finura: no en balde son merecedores del nombre "pantalla plana". Además, la industria de la imagen agradeció su simplicidad de construcción. Un monitor LCD consta de tres elementos básicos: un panel LCD cuyos píxeles individuales se vuelven opacos o transparentes en función de la señal aplicada, una fuente de luz de intensidad variable situada justo detrás del panel y un sistema digital de control e interfaz que captura la señal y la trata convenientemente para optimizar su visualización. Le acoplamos una fuente de iluminación, la metemos en una caja con su pie correspondiente y ¡voila! ya tenemos el monitor.

La razón de su rápida adopción por el mercado masivo fue, sin duda, sus características físicas: su reducidísima profundidad hizo que entrase con fuerza en el puesto de trabajo y en el hogar, donde cada vez hay menos espacio. A diferencia del tubo, que crece en profundidad proporcionalmente a su superficie de visualización, las pantallas LCD escalan en tamaño manteniendo apenas unos diez o quince centímetros de profundidad, lo que las hace imbatibles en el mundo de la gran imagen: los televisores LCD han tirado de toda la industria y han puesto el último clavo en el ataúd del tubo de rayos catódicos, que ya apenas se fabrica.

Y si todo es tan maravilloso, ¿por qué lamentarse? No es la primera vez -ni la última- que una tecnología sustituye rápidamente a otra obsoleta. Se adopta y se pasa página, ¿no?. Un momento, en este caso hay un pequeño problema: desgraciadamente para los que pedimos a un monitor fidelidad a la imagen, la tecnología LCD supone un paso atrás respecto a la que ha sustituido. Porque detrás de un inocente monitor LCD no subyace una tecnología, sino cuatro: el panel LCD se puede fabricar con cuatro tecnologías diferentes: TN, MVA, PVA y S-IPS. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes (no me extenderé sobre el tema, largo y complejo); basta saber que los paneles TN son los más populares por un motivo poderosísimo: son muy baratos de fabricar, pero también son los que peor reproducen la imagen en cuanto a gama de colores, uniformidad de la luminosidad y de la temperatura de color. Dicho en plata: son un verdadero desastre en cuanto a la fidelidad de la imagen. El que lo quiera comprobar que se siente delante de un panel TN y mueva la cabeza en sentido vertical: apreciará un notable cambio en la luminosidad que imposibilita la visualización correcta de cualquier fotografía.

Otro aspecto del desarrollo de los monitores LCD que juega en contra de nuestros intereses es su incapacidad de mostrar imagen en movimiento, debido al elevado tiempo de transición entre dos niveles de opacidad que se produce en cada píxel. El resultado es (bueno, era) una estela que perseguía al sujeto en movimiento. La industria ha preferido destinar sus euros a solucionar este defecto, ignorando en gran medida otros aspectos que inciden en la mala reproducción de la imagen. Mala suerte, el consumidor medio se da por satisfecho con los colores brillantes y cantarines de las fotos con los que nos regalan los monitores LCD, y tampoco le preocupa los cambios en la luminosidad en función de su posición ante ellos. Sólo unos pocos fabricantes trabajan para proporcionar monitores realmente aptos para una reproducción correcta de la imagen, a costa de unos precios desorbitados -si los comparamos con monitores CRT equivalentes en calidad- y necesitando en muchos casos recurrir a complejos procedimientos de calibración que, para añadir sal a la herida, deben gestionar los propios usuarios.

Y en eso estoy: aprendiendo las virtudes y defectos de las cuatro tecnologías de paneles, leyendo complejas pruebas de modelos concretos donde se discuten temas tan exóticos como la respuesta real de cada canal de color a la curva gamma teórica, la temperatura de color para cada ajuste en función de la luminosidad, la uniformidad de respuesta en la superficie del panel al negro y al blanco y el tiempo de respuesta de las transiciones temporales de luminosidad en función del par de luminosidades origen/destino. Todo para conseguir un objetivo modesto sobre el papel: reemplazar mi agonizante Dell por un monitor que me permite retocar y visualizar mis fotografías con corrección sin dejarme una fortuna en el camino y sin tener que recurrir a calibradores, perfiles de color o carga de tablas LUT en la tarjeta gráfica o en el monitor. Seguiré contando mis experiencias.


Nueva galería fotográfica: Berlín.
Siempre es agradable visitar nuevas ciudades, hacer turismo y combinar este cambio de aires con una buena sesión fotográfica. La visita a esta espléndida ciudad, aunque más corta de lo deseable, es el motivo de una nueva galería publicada en Imagenlibre.

Para el aficionado es complicado mezclar turismo y fotografía, en especial cuando nos acompañan personas que no tienen especial interés en la última. Afortunadamente a los seis que viajamos juntos nos gusta tanto viajar como fotografiar, lo que simplifica notablemente la convivencia. Fueron sólo cuatro días, pero muy intensos desde el punto de vista fotográfico.

Mis fotos fueron tomadas con la Canon 40D y varios objetivos. Utilicé todo tipo de focales, desde los 10 mm. hasta los 200 mm., incluso tiré del 100 mm. macro, objetivo que no suele acompañarme en la fotografía ciudadana. Para las fotos con escasa luz conté con la ayuda inestimable del Canon 35 mm. F2, objetivo que da buen resultado en estas condiciones.

Espero que te guste esta visión personal de una ciudad que ofrece innumerables posibilidades tanto al aficionado como al profesional de la fotografía. Aquí tienes mi galería.


Agradables sorpresas antes de Photokina.
La frenética actividad a la que nos ha acostumbrado la industria fotográfica desde la sustitución de la película química por los semiconductores de estado sólido parecía algo mitigada hasta hace unos meses. Normal, no se puede vivir en estado permanente de revolución, las cosas tienden de manera natural a la estabilización. Al menos eso creía yo, hasta que los anuncios prePhotokina me han demostrado lo contrario: aún queda capacidad de sorpresa en el mundo fotográfico.

La vuelta del 24x36.
Pasada la furia de las cámaras compactas digitales, el foco de la innovación se trasladó a las réflex dotadas de sensores grandes. Nuevos formatos competían (y compiten) por marcar la tendencia mayoritaria entre los usuarios: APS-C (o DX), Cuatro Tercios (Oly y Panasonic), APS-H (Canon y Leica) y, finalmente, el paso universal reinventado en la era digital. Canon abrió este frente en solitario, y durante varios años ha disfrutado de la exclusividad, ganada a pulso por haber invertido en la producción de sensores CMOS propios, mientras los demás se echaban en manos de terceros.

Ahora, el tiempo de las réflex digitales de paso universal ha llegado como un estruendo de tormenta en mitad del silencio de la noche: Nikon y sus D3/D700 plantaron cara a Canon, a pesar de apostar por un sensor dominado por la obsesión del ruido a sensibilidades altas y la velocidad en ráfaga a costa de la resolución. Y es que 12 Mpíxeles es una resolución ridícula para un sensor tan grande, sólo justificable en una cámara deportiva.

La respuesta producida en este verano es asombrosa: primero, con la llegada de la Sony Alpha A900 y sus 25 Mpíxeles, sensibilidad máxima estándar de 3.200 ISO y cinco imágenes por segundo a un coste de 3.000€, algo impensable hasta el momento. Pero la sorpresa de la sorpresa no se hizo esperar: Canon mostraba su gran baza en este sector, la 5D MK2. La esperada sucesora de la 5D da, por 2.300€, 21 Mpixeles capaces de escalar hasta 6.400 ISO y cuatro imágenes por segundo. Ambas cámaras disponen de un cuidado visor óptico para placer de los aficionados acostumbrados a ver el mundo a través de sus objetivos.

La competencia está servida: el que no tenga una cámara de paso universal en el mercado en menos de un año puede darse por muerto, y el que no consiga abaratarlas, en dos o tres años estará llorando por los rincones. Todo apunta a que la verdadera prueba de fuego está en sacar un modelo que rompa la frontera de los 1.500€, dejando el mercado sub-mil para las cámaras con formato APS-C.

¿De verdad compensa tanto esfuerzo por parte de los fabricantes? Ellos piensan que sí, que el negocio está en vender la cámara y ponerse morados con el resto de componentes del sistema: objetivos, flashes, accesorios varios, etc. Al fin y al cabo el segmento de las cámaras réflex de objetivos intercambiables, por muy vibrante que sea, sólo supuso el 7% del total de cámaras vendidas en 2007. Todavía queda mucho usuario de compacta esperando ser tentado para dar el salto al paraíso, al sueño dorado del fotógrafo: ese equipo maravilloso con el que hará las fotos de su vida. Bueno, eso es lo que le quiere hacer creer la industria fotográfica.

En fin, nos guste o no, tenemos unos pocos años por delante con inundación garantizada de cámaras réflex de paso universal, acompañadas de una renovación profunda de la gama de objetivos porque, pese a quien pese, no todo tiempo pasado fue mejor. Los grandes angulares de toda la vida simplemente no dan la talla cuando se acoplan a una superficie de fotodiodos del tamaño de un campo de fútbol (el sensor de paso universal es dos veces y media más grande que el sensor APS-C). Mejor resolución en los bordes, disminución del viñeteo, control de velos y destellos y disminución de las aberraciones cromáticas son las tareas pendientes que -sin duda- están acometiendo los fabricantes, so pena de generar una montaña gigantesca de decepción entre sus clientes. Nikon lo sabe y ha sacado el 14-24, Canon lo sabe y ha sacado el 16-35 II y los demás, si no quieren verse definitivamente descolgados, también lo harán.

La calidad de la imagen vuelve a las compactas.
¡Quién las vio y quién las ve! Abandonadas a su suerte por los departamentos de diseño de los fabricantes, las compactas se repiten en un ciclo interminable de bajada de precios, de disminución de tamaño y de aumento de resolución, mientras que la calidad de sus imágenes va a peor. Atrapado en la pinza formada por las réflex baratas y los móviles caros, este segmento parece condenado a la irrelevancia. ¡Con lo que nos hemos divertido con ellas! Todos los que empezamos el nuevo siglo envenenados de fotografía gracias a ellas, hemos seguido con pasión el inagotable flujo de novedades y hemos defendido con amor de padres a nuestras criaturas frente a las de la competencia. Sagas memorables como las Coolpix 9xx o las cinco mil, la mítica serie G de Canon o las 505-707-717 de Sony ocupan un lugar en el corazoncito fotográfico de muchos aficionados.

Hete aquí que, ante tanto pesimismo, a Panasonic se le ocurre abrir una ventana a la esperanza con el segundo estándar emitido por la sociedad Cuatro Tercios (con el apoyo fundamental de Olympus) y, lo más importante, con la primera compacta innovadora vista en años: la Panasonic G1.

El nuevo estándar, denominado Micro Cuatro Tercios (mCT, para abreviar), consiste en una nueva montura y en la definición del sensor establecida por los Cuatro Tercios (a3,5 x 18 mm.) Está pensado para fabricar cámaras compactas sin visión directa a través del objetivo. Se elimina el espejo y el camino óptico independiente que va de la parte trasera del objetivo al visor óptico, lo que fuerza a utilizar un sensor capaz de ofrecer una señal continua de vídeo y a encuadrar a través de la imagen mostrada en la pantalla LCD trasera o a en el visor electrónico. El sistema de enfoque también se ve afectado; se pierde la detección óptica de fase, principio con el que enfocan las réflex, para pasar a un sistema de enfoque propio del vídeo: la detección de contraste sobre la señal de vídeo suministrada por el sensor. En resumen, el estándar mCT está dirigido a fabricar cámaras compactas con objetivos intercambiables.

No todo son inconvenientes: al eliminar el espejito de la ecuación, la montura está mucho más cerca del sensor que en los Cuatro Tercios (CT), lo que permite fabricar cámaras menos profundas y, por lo tanto, más compactas. Además, el círculo de imagen del objetivo se reduce y el diseño de los grandes angulares se simplifica al eliminar las complejidades de una separación excesiva entre el objetivo y el sensor. Los grandes angulares destinados a las cámaras réflex "fabrican" una imagen virtual trasera sobre el sensor que se sitúa demasiado lejos del centro óptico del objetivo para distancias focales cortas, lo que en el mundo de la óptica se conoce como diseño retrofoco. En la práctica, la aproximación entre el sensor y la montura se traduce en objetivos de focales cortas más compactos, sencillos de diseñar y, por lo tanto, más baratos.

Lo mejor del nuevo estándar es la prisa que se ha dado Panasonic en sacar la primera cámara y un par de objetivos. En un guiño a la historia de las compactas la ha denominado G1, lo que alegrará a los que disfrutaron en su día de la mítica G1 de Canon. Pero no nos confundamos, la G1 actual es una cámara con un diseño parecido a una réflex, con una gran pantalla trasera y hasta con la protuberancia superior donde se aloja el pentaprisma en una réflex verdadera. No es el caso de la G1, que se ha dotado de un visor electrónico de alta calidad, heredado de las cámaras de vídeo de gama alta. Panasonic sabe que el visor óptico es imposible de batir por medios electrónicos, por lo que es necesario dotar a las cámaras mCT de lo mejor en visión electrónica que pueda proporcionar la tecnología actual para reducir la desventaja. En efecto, la G1 dispone de un visor con tecnología ultimísima: cada píxel se forma con un espejo que gira, mientras que un emisor LED genera pulsos alternativos de luz verde, roja y azul emitidos 180 veces por segundo y proyectados sobre el espejo que forma el píxel. Mediante su giro controlado se varía la intensidad de la luz reflejada, consiguiendo una visualización de alta calidad y un elevado número de imágenes por segundo: 60, para ser precisos.

Para redondear la calidad del nuevo visor, el elemento óptico que proyecta la imagen en el ojo del fotógrafo proporciona un factor de ampliación similar al de una réflex de paso universal. Está de más decir que tengo muchas ganas de mirar a través de una G1 para ver cuál es el resultado final y cuán lejos está de un visor óptico.

De momento los objetivos disponibles, todos estabilizados ópticamente, son poco ambiciosos. El estándar mCT comparte el mismo factor de ampliación de la distancia focal aparente que su hermano mayor, el CT: 2x. Es decir, un objetivo cuya distancia focal sea 14 mm. en mCT encuadra como un 28 mm. montado en una cámara con sensor de paso universal. Panasonic se lanza a la piscina con un 14-45 mm. F3,5-5,6 OIS y su inevitable complemento, el 45-200 mm. F4-5,6 OIS. Demasiado previsibles y carentes de todo interés para el aficionado que ya posee un equipo réflex.

Que no cunda el desánimo: lo mejor está por venir. La propia Panasonic ha anunciado para 2009 un ultra gran angular 7-14 mm. F4 cuya comparación con su hermano Oly CT será una de las pruebas más interesantes del año próximo. También despertará pasiones el 20 mm. F1,7, primer focal fija mCT. Espero que Panasonic, Oly o cualquier otra compañía se anime a fabricar una cámara más compacta que la G1 y tres o cuatro focales fijas para devolver al aficionado uno de sus mayores deseos insatisfechos: disponer de una cámara y unos objetivos pequeños, ligeros y discretos que permitan la obtención de imágenes de alta calidad de forma sencilla, silenciosa y ubicua; la verdadera extensión del ojo, la mano y el corazón actualizada a la era digital.