PMA 2005.
Con bastante retraso, al fin publico el resumen tradicional de ImagenLibre sobre la más famosa feria de fotografía de Estados Unidos, y probablemente la más concurrida del mundo.
A diferencia de otras ediciones, la atonía ha sido la norma. ¿Se está normalizando el sector o la competencia creciente obliga a anunciar los productos lo antes posible, sin esperar a las citas tradicionales del calendario fotográfico? Es difícil saberlo. En cualquier caso la feria ha girado alrededor de tres ejes: la carrera frenética hacia la réflex digital asequible, el desarrollo de objetivos para sensores APS-C y el estrujamiento del sector formado por las compactas digitales.
La feria PMA 2005 viajó, este año, a Orlando. Abandona el desierto de Nevada para visitar tierras más húmedas, aunque tanto Las Vegas como Orlando son destinos turísticos. Tuvo lugar entre el 20 y el 23 de febrero, como siempre un éxito de expositores y público, faltaría más. Sin embargo, ha quedado en el ambiente un regusto amargo; la edición de este año ha estado huérfana de grandes anuncios, de productos que revolucionen el mercado y que marquen un antes y un después. Bueno, al menos ha habido uno, pero la cosa no deja de tener su miga.Si miramos los anuncios de los últimos doce meses, la industria fotográfica no ha disminuido el ritmo de novedades, más bien todo lo contrario: es un sector que no ha perdido un ápice de su vitalidad y frenesí. Fruto de la terrible competencia a la que todos los grandes actores de este mercado se ven sometidos, los anuncios ya no se guardan en el cajón ni siquiera un trimestre: esto es la guerra, sálvese quien pueda, parecen ser las consignas de moda en los departamentos de marketing de los fabricantes. ¿Resultado? Las novedades se anuncian en cuanto están disponibles para la venta o, si se cree necesario, meses antes de su disponibilidad con tal de frenar la pérdida de clientes (que ya no son lo que eran, cada día más impacientes y menos fieles a marcas o estilos fotográficos).
No hay que darle más vueltas: la feria global es Internet y siempre está abierta. Vayamos de cabeza al análisis de la PMA 2005.
Canon y la regla del 8.
La verdadera novedad de la feria ha sido la 350D de Canon, que sustituye a la 300D y que viene con vacación de redefinir el concepto de cámara digital para aficionados serios. Tres son los objetivos que el fabricante parece haberse marcado con esta cámara. Primero: situar los 8 megapíxeles como la resolución mínima para una réflex digital. Segundo: empaquetar todo el puro nervio de un cuerpo réflex en el tamaño y el peso de una compacta alto de gama. Y tercero: acercarse a la frontera mítica de los 600 euros (objetivo incluido) para destruir el menguante segmento de las compactas de lujo. ¿Lo conseguirá?
De entrada, Canon tira de su tecnología propietaria a la hora de mover su gama de sensores: los seis megapíxeles son historia. Hace bien, porque el argumento de la resolución sigue siendo preeminente en la mente de los compradores, y ampliamente utilizado por los fabricantes de cámaras compactas para sobrevivir (achuchados como están por la pujanza de los teléfonos móviles). Canon ha desarrollado su tercera generación del sensor de 8 megapíxeles, ahora disponible en tres versiones: la primera en la 1D MK2, la segunda en la 20D y la tercera en la 350D. Salvo por la limitación de la sensibilidad máxima a 1.600 ISO, este sensor iguala en prestaciones al que utiliza la 20D. Nada que objetar en esta aspecto: nitidez sin efecto moiré, niveles de ruido que son el estado del arte en fotografía digital y resolución excelente. Está claro que Canon apuesta por la resolución frente a Nikon, KM y Pentax, obligadas (de momento) a utilizar el sensor de 6 megapíxeles de Sony en sus cámaras réflex de aficionado.
Canon ha jugado fuerte en la potenciación de las virtudes del sistema réflex: la 350D saca partido a las ventajas que la tecnología réflex aporta frente a las compactas: su rapidez de reflejos. Disparo prácticamente inmediato, bloqueo del espejo casi imperceptible, enfoque automático rápido, sensible y capaz de seguir a sujetos en movimiento, ráfagas de 3 imágenes por segundo hasta 17 en jpeg, arranque instantáneo... ¡Uff, para qué seguir! Nada se compara a la experiencia de manejar una compacta y pasar luego a una réflex. Es como transitar de la noche al día.
En un claro golpe de timón, Canon ha reconocido implícitamente el error que cometió al limitar artificialmente las posibilidades de la 300D (y que un firmware hackeado recuperó parcialmente). La 350D cuenta con funciones omitidas en aquella: control de la exposición del flash, sincronización a la primera o segunda cortinilla, sincronización lenta, selección libre del modo de medición de la luz ambiente y del modo de enfoque. Vamos, que la cámara tiene todo lo que un aficionado experto espera de una réflex. En un ejercicio de diseño notable, Canon ha empaquetado todo en un cuerpo especialmente pequeño, más parecido al de una compacta de gama alta: sólo pesa 540 gr. con batería y tarjeta CF incluidas. Hay que tenerla en la mano para apreciar su tamaño, que gustará a los que tienen las manos pequeñas o medianas (¿una apuesta por el mercado femenino?) y molestará a los fotógrafos con manos grandes por la reducción de la empuñadura. Para no dejar escapar ni un sólo cliente, se fabrica en dos colores: negro y plateado.
Todo es esta vida tiene un precio, y la reducción de sus dimensiones no es una excepción: la batería utilizada es un modelo utilizado en compactas a fin de que encaje en la base de la empuñadura, notablemente reducida respecto a la 300D. La disminución de potencia se ha compensado con la reducción del consumo, gracias a la utilización de la 3ª generación del procesador digital y, lo que es una pena, a base de reducir la luminosidad del monitor LDC, difícilmente visible a plena luz del día y demasiado pequeño para mi gusto (Canon insiste en el tamaño de 4,5 cm. de diagonal). Otro problema de su tamaño es la mala ubicación del botón que selecciona el modo de disparo, situado demasiado cerca de la posición del pulgar derecho. Es fácil apretarlo inadvertidamente y pasar a modo retardo sin que nos demos cuenta, arruinando la instantánea.
El precio de la 350D se sitúa en 800 € para el cuerpo y en 950 € con el objetivo 18-55 mm. F3,5-5,6 II EF-S. La 300D ha bajado de precio; la acabo de ver a 715 € sin objetivo y a 799 € con empuñadura vertical y objetivo 18-55. Ya queda poco para romper la barrera psicológica de los 600 €; es cuestión de meses, un año a lo sumo. El merado de réflex digitales ronda los cuatro millones, con una previsión de ocho para dentro de tres años. Semejante aumento de unidades vendidas sólo se puede lograr reduciendo el precio hasta niveles en los que el comprador de una compacta de gama alta se anime a dar el salto. Luego la experiencia y el departamento de marketing se encargarán de vender accesorios: un teleobjetivo, un flash externo, etc. y conseguir un cliente mucho más fiel a la marca gracias a la compatibilidad de todo el sistema. Vamos, lo que ha sido la fotografía toda la vida.
He tenido la oportunidad de probar la 350D durante un rato. En mi opinión, lo que más llama la atención es el adelgazamiento sufrido, más beneficioso que perjudicial. Lo que más me ha gustado es su velocidad, extremadamente rápida en todos sus aspectos, destacando un enfoque automático capaz de seguir a sujetos en movimiento sin pestañear. El único defecto importante que le encuentro es su pantalla, débilmente iluminada. En conclusión: Canon tiene otro producto ganador que se va a vender muy bien; de momento se fabrican 130.000 unidades al mes y no me cabe duda alguna de que no van a acumular polvo en las estanterías. ¡Competidores, hay que espabilar!
La marcha está en los objetivos.
Era de esperar. Tras el establecimiento de las réflex digitales como el segmento alto de gama del mercado fotográfico, algo había que hacer con los objetivos, máxime si tenemos en cuenta que el tamaño del sensor se ha estandarizado en 15x23 mm. o, lo que es lo mismo, en el formato APS-C. Sólo se escapa a esta lógica aplastante las cámaras de la serie 1 de Canon, destinadas a los profesionales, y la oferta de Olympus que se acoge al formato Cuatro Tercios (13,5x18 mm.). Desde el punto de vista de los objetivos, el formato APS-C modifica la distancia focal multiplicándola por 1,5 (1,6 en las Canon de aficionado), y el Cuatro Tercios por 2. Ojo que esta modificación afecta sólo al encuadre: un 50 mm. montado en una réflex con sensor APS-C encuadra como un 75 mm. montado en una cámara de paso universal, y si lo montamos en una cámara Cuatro Tercios, como un 100 mm.
Con todo este baile, es imprescindible que aparezcan nuevos objetivos cuyos rangos focales se ajusten a las necesidades de los nuevos formatos. Si el 28-80 es el zoom más popular no es por casualidad, sino porque ofrece el rango de encuadres válido tanto para paisaje como para un buen retrato. Para conseguir los mismos resultados en el formato APS-C, el objetivo debe tener un rango focal de 18-55 mm., aproximadamente. La reestructuración está servida.
Esta edición del PMA ha sido generosa en anuncios de nuevos objetivos. Empecemos por Olympus, que ha anunciado dos zooms de gama alta con abertura F2 en continuo. Son el Zuiko ED 14-35 F2 y el ED 35-100 F2. Equivalen en cuanto a encuadre a los clásicos 28-70 y 70-200 que han copado la gama alta de todos los fabricantes de objetivos para paso universal. Completa el anuncio el ultra gran angular Zuiko ED 7-14 mm. F4, ya disponible en las tiendas, y el súper zoom Zuiko ED 90-250 F2,8 el primer tele que encuadra como un 500 mm. a una abertura máxima de 2,8. Todos tienen acabado profesional, con protección ante las inclemencias del tiempo. Salvo el 7-14, los demás estarán disponibles el próximo otoño.
Canon ha lanzado un nuevo miembro de la gama EF-S, a la que parece tenerle una cierta prevención porque sólo hace los objetivos imprescindibles para salir del paso. Y es que con tres tamaños de sensores y dos gamas de objetivos parcialmente incompatibles, la división de objetivos de Canon parece falta de una visión estratégica clara. Inconvenientes de una empresa orientada a la fabricación de productos, no de gamas completas. Bueno, a lo que iba: el nuevo objetivo es el 60 mm. F2,8 macro USM EF-S, el equivalente del 100 mm. macro para las réflex de la casa con sensor APS-C. Lo dicho, la gama EF-S desarrollada con cuentagotas, para mayor gloria de Sigma, que sí se ha tomado en serio la gama DC.
Y ya que estamos con Sigma, es buen momento para comentar los tres nuevos objetivos de la serie DC, nombre que reciben aquellos con círculo de imagen APS-C. Se trata en primer lugar del ultra gran angular 10-20 mm. F4-5,6 EX DC HSM, que cubre la parte angular, tan necesitada al reducir el tamaño del sensor. Aunque Sigma ya contaba con el 12-24 F4,5-5,6 EX DG Aspherical HSM, su tamaño y peso producto de su círculo de imagen adaptado al paso universal no son los más adecuados para las cámaras actuales, cada vez más ligeras y compactas.
También es destacable el 30 mm. F1,4 EX DC HSM, un ejercicio de estilo que agradecerán los puristas. Es el equivalente del 50 mm. ultraluminosos que todos los fabricantes mantienen en producción, homenaje a y herencia de tiempos pasados, cuando la fotografía se hacía básicamente con esa distancia focal. El marchamo EX indica el nivel de calidad más elevado de Sigma, lo que unido a un motor de enfoque ultrasónico da testimonio del cuidado puesto en su diseño y construcción. Finalmente y en el otro extremo se encuentra el práctico todo terreno 18-200 F3,5-6,3 DC, pensado para los que quieren viajar ligeros y sin cambiar de objetivo, pero no renuncian a ninguna distancia focal.
KM con su serie DT, Pentax con su gama DA o Tamron con al DiII son ejemplos del interés de los fabricantes por cubrir el mercado de los objetivos pensados para las cámaras con sensor APS-C. Cada cámara réflex digital vendida es una gran oportunidad para la venta futura de objetivos; ignorar este hecho es un error estratégico grave, así que en los próximos dos años seguirá la gran renovación de objetivos en todos los fabricantes que puedan aguantar el tirón digital.
Las compactas apuestan por el 7
Gracias al proceso continuo de empaquetamiento de más y más píxeles que Sony aplica a sus sensores, los fabricantes pueden lanzar cámaras de más resolución con pequeñas modificaciones en sus objetivos y actualizando la parte electrónica (que tiene que digerir más y más datos). El ejemplo más interesante es el sensor de 0,55", que a lo largo de los años se ha fabricado con tres, cuatro, cinco y ahora siete megapíxeles. ¡Siete! ¡Qué barbaridad! Sony, Nikon, Canon, por citar algunas marcas, ofrecen cámaras con esta resolución, incluidos modelos especialmente compactos. Por ejemplo, la Ixus 700 de Canon o la Sony DSC-V3 son ejemplos de los esfuerzos que hay que hacer para que las cámaras digitales compactas sobrevivan en un mercado estrujado por debajo merced a los teléfonos móviles equipados con cámara y por arriba con la llegada de las réflex digitales "baratas".
La Ixus 700 es la reina de la gama de ultracompactas más famosa del mercado. Canon ha logrado cautivar a un gran número de compradores con un diseño atractivo, un tamaño apto para llevar la cámara siempre encima (9 cm. de ancho y sólo 2 de espesor) y una calidad razonable siempre que la foto se haga bajo buenas condiciones de luz. Canon ha mejorado dos de los puntos débiles de las ultracompactas: la velocidad de enfoque (menos de medio segundo en todas las circunstancias) y el tiempo de reacción de la cámara. El encendido, incluida la extensión del objetivo, tarda un segundo; el retardo del disparador no sobrepasa los 100 ms. y la escritura en la tarjeta SD es tan rápida que, con la tarjeta adecuada, se puede disparar en modo ráfaga a dos imágenes por segundo todo el tiempo que se quiera hasta llenarla.
Siete megapíxeles es una resolución muy respetable, que permite zanjar parcialmente la carrera por la resolución, al menos en este segmento de cámaras. Teniendo en cuenta las limitaciones inherentes a una ultracompacta, en especial su pobre rendimiento en fotos con flash, la Ixus 700 marca un punto de inflexión en la evolución de esta parcela de la foto digital. A partir de aquí sólo podemos esperar mejoras en el enfoque, en la medida en que el sensor y el procesador digital de señal sean capaces de manejar más imágenes por segundo. Bueno, y todo un despliegue de aderezos exóticos que poco tendrán que ver con los parámetros básicos de la fotografía. Conexión bluetooth o grabación de vídeo con sonido estéreo, por ejemplo.
Y para acabar, lo que para mí es la esencia de lo que debe ser una compacta en estos momentos. La Sony DSC-V3. Por supuesto, lleve el sensor de rigor: 7 Megapíxeles y o,55 pulgadas de tamaño. Mantiene el excelente objetivo de cuatro aumentos y distancia focal equivalente de 34-136 mm. F2,8-4 de su antecesora, la V1 (¿por qué no ha habido una V2?), pero esta vez envuelta en un cuerpo amplio, cómodo y medianamente pesado (390 gr.). De hecho recuerda bastante a la S85, una cámara del 2001 que hizo historia al ser la primera que llevaba un sensor de 4 Megapíxeles y 0,55" de tamaño.
Como el tiempo no pasa en balde, la V3 incorpora una preciosa pantalla LCD de 2,5" de tamaño. ¡Se acabó la moda de las pantallas pequeñas! Donde no ha habido ninguna mejora es en el visor, que sigue siendo óptico y de una calidad indigna de tal cámara. Es una pena que Sony no se haya estirado con un buen visor LCD, rodeado de un adaptador de goma para acomodar el ojo del fotógrafo. En fin, por cuatrocientos y pico euros se ve que no podemos pedir más. Afortunadamente se mantiene la zapata para incorporar un flash externo, accesorio indispensable para la realización de fotos en interiores.
En acción, a pesar de los tres segundos que le cuesta la puesta en marcha, responde con rapidez enfocando y en la espera entre fotos (en un segundo vuelve a estar disponible para disparar). Unas prestaciones honorables en el mundo de las compactas. En resumen: una cámara con excelente calidad de imagen, una buena ergonomía y con un objetivo de calidad, que salió al mercado por 700 € y que hoy se puede encontrar por 440 €. ¿Qué mas se puede pedir?