PMA 2006. En el ojo del huracán.
Vuelve PMA, al feria de fotografía más grande del mundo (salvo, quizás, Photokina). Este año tuvo lugar en Orlando, Florida, del 26 de febrero al 1 de marzo. Como muestra de la vitalidad que la fotografía de consumo ha recuperado desde el inicio de su digitalización, la feria ha sido todo un éxito si nos remitimos a las cifras de asistencia.
En este artículo aprovecho para revisar las novedades que se han publicado en las semanas previas al evento, ya que, como es tradición, las empresas no se esperan a las grandes ferias para anunciarlas, sino que las anticipan para sacar el máximo provecho publicitario a sus anuncios. Y ¡qué interesantes han sido! Siguiendo los ciclos que se suceden a velocidad vertiginosa, a este año le toca ser el de la masificación de las réflex digitales. Contrariamente a lo ocurrido en el mundo de las cámaras compactas, en el que todos los fabricantes han alcanzado un acuerdo tácito sobre los categorías de productos en las que trabajar (cámaras baratas, ultracompactas y ultrazooms), en el segmento de las réflex cada uno va por su lado. Ahora mismo nos encontramos en medio de un huracán alimentado por las propuestas divergentes de los líderes del mercado. ¿Cuál será el panorama tras la tormenta? ¿Qué quedará en pie y qué será barrido del mapa? Sigue leyendo y lo sabrás.
La locura de los formatos.
Desde 13 x 18 mm. hasta 24 x 36 mm., hay cuatro tamaños de sensores equipando las réflex que un aficionado puede encontrar en la misma vitrina o escaparate de su tienda favorita de material fotográfico donde se exhibían, hace siete años, las cámaras réflex que utilizaban (todas) la película de paso universal. Esto no es normal, ni bueno para el comprador. Una cámara réflex es el principio de un sistema compuesto por objetivos, flashes y accesorios que forman un sistema complejo y caro. Si a las incompatibilidades entre sistemas de diferentes fabricantes se añade la existencia de cuatro tamaños diferentes de sensor, la fragmentación de la oferta es más que evidente.
El elemento más afectado es, sin duda, el objetivo. Éste se diseña con un círculo de imagen y un rango de focales ajustados al tamaño del sensor al que va destinado, por lo que, salvo chapuzas tales como utilizar un objetivo con un círculo de imagen más grande que el correspondiente al tamaño del sensor, es necesario fabricar un gran número de modelos para cubrir todas las necesidades.
El principal causante de esta situación es, paradójicamente, el fabricante que más éxito ha tenido a la hora de ejecutar su estrategia: Canon. Aprovechando la ventaja competitiva que supone la fabricación de sensores con tecnología propia, Canon apuesta por aumentar la resolución de sus cámaras aumentando el tamaño del sensor, en vez de reducir el tamaño del elemento fotosensible (que es el ladrillo con el que se construye el edificio del sensor). Así Canon ha acabado, no con uno ni con dos, sino con tres tamaños de sensor: 1,6x (APS-C, 15 x 23 mm. y 8 MPíxeles) para las gamas de aficionado, 1,3x (APS-H, 29 x 19 mm. y 8 Mpíxeles) para la gama profesional destinada al fotoperiodismo y el paso universal (36 x 24 mm. y 16 MPíxeles) para el resto de profesionales y aficionados muy exigentes.
De estos tres formatos, el APS-H es el que tiene más comprometida su existencia, por varios motivos. El primero, porque Canon no ha fabricado ni un sólo objetivo adaptado a su tamaño. Segundo, porque en la última revisión de la única cámara que lo monta, la 1D MK2, no se ha aumentado su resolución, lo que se puede interpretar como que los tiros van por otro lado. Y tercero, porque la penúltima réflex de Canon, la 5D, ha demostrado que es posible fabricar sensores de paso universal a precios adecuados para una cámara semiprofesional.
Donde más controversia despierta la ejecución de la estrategia de esta marca es en las gamas de aficionado. Tras el reciente lanzamiento de la 30D, equipada con el mismo sensor APS-C y 8,2 MPíxeles que su antecesora, todos nos preguntamos cuál va a ser la auténtica respuesta al desafío de Nikon y su increíble D200 a 1.600 € (APS-C, 10 MPíxeles, cuerpo profesional). De momento, la respuesta ha consistido en la bajada -escasa- del precio con respecto al modelo anterior. Dadas las desafiantes declaraciones de Canon en los últimos años sobre la posición a la que aspira en el mundo de la fotografía digital, todo hace pensar que algo estará tramando para no dejar un segmento totalmente desatendido y ocupado en solitario por la D200. La incógnita es: ¿con qué tamaño de sensor?
Todo hace volver la mirada a la 5D, un extraño híbrido contra natura surgido de un cuerpo de aficionado (20D ligeramente aumentado de tamaño) y un sensor de paso universal y resolución modesta (12,7 MPíxeles), si tenemos en cuenta la superficie disponible. Tras su salida en agosto de 2005, el precio se ha visto erosionado con más rapidez de lo previsto: de 3.000 € a 2.500 € tras la inclusión de un vale-rebaja de 300 €. ¿Es ésta la base sobre la que Canon va a intentar competir con la D200? ¿O recurrirá a un sensor APS-H de 12 MPíxeles? Una verdadera incógnita. Lo único cierto es que, replicando la tecnología del maduro sensor APS-C de la 20D/30D, Canon puede ofrecer un sensor APS-H de 12 Mpíxeles y uno de paso universal de 22 MPíxeles.
Mientras tanto el sufrido cliente de Canon que tenga una cámara de aficionado se encuentra con un techo de resolución insalvable. 8 MPíxeles es lo máximo que necesita, parece pensar la todopoderosa compañía japonesa. Si quieres más, cambia de formato. ¿Y eso, qué supone? Pues un pequeño desastre en los objetivos. Primero, ya no pueden utilzarse los diseñados para APS-C. Los de paso universal ven reconvertidas sus focales equivalentes en términos de encuadre, lo que va en detrimento de los teles y los macro, que ven mermadas sus capacidades. En definitiva, hay que rascarse el bolsillo más de lo necesario con nuevos objetivos y la pérdida de dinero asociada a la venta en el mercado de segunda mano de los que ya no cumplen su función. Es triste ver a fieles a la marca haciendo números de lo que les costaría el paso a la 5D incluyendo el apartado de objetivos, o a los que han optado por objetivos de paso universal y una cámara APS-C como etapa intermedia hasta que se abaraten las cámaras dotadas con el sensor "grande", desesperados porque no pueden optar por la 5D y limitados por la escasa cobertura de sus objetivos en el territorio de las focales cortas.
¿Por qué ha elegido Canon esta ruta? ¿Por qué ha levantado estas murallas invisibles entre las diferentes gamas de cámaras, disminuyendo a medio plazo las ventas entre sus clientes más fieles? ¿Por qué facilita la huida de sus clientes a la competencia? En los mentideros de Internet se barajan dos posibles respuestas, una táctica y otra estratégica. La táctica afirma que Canon ha tropezado con la incapacidad de reducir el tamaño del elemento fotosensible sin perjudicar su legendaria relación señal/ruido a sensibilidades altas, cualidad que le separa de la competencia, equipada con los sensores de su gran rival Sony. La estratégica es que Canon tiene como objetivo final la vuelta al paso universal como estándar del sensor de la era digital. De ahí la aparente desgana con la que ha tratado la línea específica de objetivos para este formato (EF-S) y la limitación de resolución de su buque insignia, la 30D. Ahora, que ya ha conseguido reducir los costes de fabricación de los sensores de paso universal, es cuando hay que renovar la gama, empezando por la 5D. Mientras tanto marea la perdiz con una tímida actualización de la 20D para no sufrir un golpe demasiado duro en las ventas. En fin, que teorías no nos van a faltar.
El tiempo le está dando la razón a Nikon, claramente volcada en su particular adopción del APS-C como tamaño estándar del sensor y que ha llamado DX. Toda su gama de réflex lo incorpora, en resoluciones de 4, 6, 10 y 12 MPíxeles, desde la D50, un cuerpo básico de 6 MPíxeles por debajo de la mítica barrera de los 600 €, hasta las profesionales D2X y D2H. En toda su gama sólo la D2H es la nota discordante, casualmente la única que cuenta con sensor propio de la marca y cuya resolución de 4 MPíxeles esta por debajo de lo que demanda el mercado.
La gran ventaja de Nikon es el camino de migración. Un cliente de esta marca puede comprar la D50, invertir en objetivos de calidad media o alta y, posteriormente, cuando los precios de los cuerpos se abaraten, aspirar a una cámara de más prestaciones. Por contra, tienen que pagar el precio de un ISO 1600 ruidoso y un ISO 3200 poco aprovechable. Si ponemos los pros y los contras en la balanza, la oferta actual de Nikon ha superado en coherencia y en costes a Canon.
Mientras tanto Olympus ha conseguido ¡por fin! que el formato Cuatro Tercios deje de ser un sistema propietario disfrazado de estándar, gracias a la incorporación de Panasonic con el anuncio de la cámara L1 y un objetivo zoom todo terreno 14-50 F2,8-3,5 fabricado por Panasonic y firmado por Leica. Aparte del nombre, que cada día tiene menos valor, el objetivo incorpora la prestación de moda: el estabilizador.
Un soplo de aire fresco llega al formato Cuatro Tercios, puesto que Panasonic (que tiene detrás al gigante Matsushita) incorpora el sensor Live MOS tanto a la L1 como a la nueva cámara E-330 de Olympus, mientras que Oly le presta a Panasonic la tecnología anti polvo en el sensor y los elementos optomecánicos necesarios para la construcción de una réflex. Necesario empujón al Cuatro Tercios, que tiene que cargar con las limitaciones de un sensor de reducido tamaño (13 x 18 mm.), lo que obliga a visores pequeños, a objetivos de gran luminosidad para conseguir el control de la profundidad de campo propio de la fotografía de paso universal y a unos niveles de ruido excesivos por encima de los 800 ISO.
Así está el panorama. Poderosas fuerzas que apuntan en direcciones opuestas se disputan el nuevo caramelito digital: el sistema réflex de objetivos intercambiables. ¿Se impondrá la comodidad del reducido tamaño y peso del estándar Cuatro Tercios? ¿Conseguirá Canon que el consumidor se decante por la gran resolución y la ausencia de ruido del paso universal? ¿O, por el contrario, triunfará la posición intermedia y el equilibrio de prestaciones del tamaño APS-C?
El sistema Cuatro Tercios se convierte en estándar.
Hay que reconocer el enorme esfuerzo que Olympus ha hecho para que el Cuatro Tercios se convierta en un sistema con suficientes razones para que aspire a ser el nuevo estándar de la fotografía réflex de objetivos intercambiables. Abandonada la línea profesional a su suerte (sigue sin haber sustituta para la vetusta E-1), ha sacado en un corto intervalo de tiempo tres cuerpos réflex orientados a los aficionados, a precios muy competitivos y dotados de características pensadas para atraer a los poseedores de compactas de calidad.
Con la E-330 da otra vuelta de tuerca y nos presenta una auténtica cámara réflex con el añadido de la previsualización de la imagen en una gran pantalla LCD movible de 2,5". Loable intento de atraer a los usuarios de compactas al mundo réflex ofreciéndoles una forma de encuadrar y disparar similar. No obstante, ha tenido que estrujar al máximo el camino que sigue la luz hasta que alcanza el visor óptico para extraer la señal electrónica que alimenta la pantalla trasera. De hecho, lo hace de dos formas distintas: la primera, sustituyendo uno de los espejos del visor tipo Porro por uno translúcido (perdiendo la mitad de la luz en el camino) y situando detrás un sensor CCD (como si de una compacta se tratase) que genera la señal electrónica destinada -una vez amplificada- a verse en la pantalla LCD trasera.
La segunda es -aparentemente- más sencilla: se levanta el espejito, se abre el obturador de cortinillas para que la luz incida directamente en el sensor principal (de 7,5 MPíxeles y factura Panasonic) que es capaz de producir una señal de vídeo en tiempo real, a diferencia de los habitualmente utilizados en cámaras réflex. Esta señal es la que alimenta la pantalla trasera. En este modo deja de funcionar el enfoque automático (que, al igual que en el resto de réflex, necesita que el espejito esté en su posición habitual), por lo que sólo es útil para fotografía de macro. Para ayudar a enfocar con precisión a través de la pantalla trasera LCD, la imagen se puede ampliar.
La pregunta que nos hacemos los usuarios de réflex más "tradicionales", acostumbrados a las excelencias del visor óptico, es si tanto esfuerzo sirve para algo más que para apuntarse una novedad tecnológica. Olympus, claro está, cree que esta forma de funcionar, junto con la autolimpieza del sensor, su otra gran innovación en el mundo réflex, desviará hacia sus productos parte del chorro de clientes que se pasan a Canon o a Nikon cuando deciden dar el salto a un sistema réflex. El tiempo -y las ventas- serán los jueces implacables.
La noticia más importante en el mundo del Cuatro Tercios ha sido el desembarco de Panasonic/Leica con una nueva cámara (la DMC-L1, firmada Panasonic) y un interesantísimo objetivo 14-50 F2,8-3,5 estabilizado, de factura Panasonic y diseño Leica. La cámara comparte con la E-330 la parte mecánico-óptica (incluido el dispositivo ultrasónico anti polvo del sensor), y, como ésta, está dotada de imagen en tiempo real en la pantalla LCD trasera de 2,5" en los dos modos comentados anteriormente. Lo que la distingue de la E-330 es la selección de la velocidad, mediante la rueda superior derecha, un toque retro completado con el anillo de selección del diafragma del objetivo que la acompaña. Extraña mezcla de modernidad y clasicismo, atrevida apuesta de los diseñadores de la casa.
Pero no hay que engañarse con los guiños al pasado. El objetivo es un Cuatro Tercios, al igual que la cámara, así que la interoperabilidad con el resto de objetivos y cámaras de este sistema está garantizada. En definitiva, una propuesta interesante, inspirada directamente en el diseño de las míticas M de Leica y, más recientemente, en la LC1 que no ha sido precisamente un éxito en ventas. ¿Conseguirá encontrar un hueco en el mercado este diseño con claros guiños a un pasado glorioso pero distante?
Finalmente Sigma ha movido ficha adaptando las monturas de cinco de sus objetivos para convertirlos en -falsos- Cuatro Tercios. ¿Por qué falsos? Pues porque no ha diseñado desde cero las ópticas, ni su rango focal, ni el tamaño del círculo de la imagen proyectada. Los objetivos adaptados son los siguientes:
La madurez del formato APS-C
Lo más interesante de la última cámara de Canon no es lo nuevo, sino todo lo contrario: lo que no ha cambiado. La 30D se ha ganado, a pulso, el título de la mayor decepción de Canon desde que entró a saco en las réflex digitales. Malo para la marca, malo para sus fieles seguidores que esperaban la oportunidad para cambiar de cámara y excelente para Nikon, Pentax y Sony, que comprueban como Canon ha soltado el pie del acelerador y les da una oportunidad para adelantarle.
Y el caso es que la 30D es una gran cámara. Tiene una resolución suficiente para satisfacer las necesidades de la gran mayoría de aficionados. Su dominio del ruido a alta sensibilidad es el mejor que hay en el mercado. El cuerpo, sin estar protegido contra las inclemencias del tiempo, tiene un resistente y atractivo acabado en aleación de magnesio y el chasis ha demostrado que es lo suficientemente rígido como para no dar problemas de resistencia. En definitiva, la 30D hereda lo mejor de su antecesora, la 20D, añadiendo una gran pantalla trasera de 2,5" (635 mm. de diagonal) y -por primera vez en una EOS de aficionado- la medición puntual. Y poco más.
Aunque hay algo que, sin destacar en las hojas de especificaciones, no debe pasarse por alto: el precio. Desde el lanzamiento de le D30, a mediados del año 2000, Canon ha marcado el liderazgo en las cámaras réflex digitales para aficionados. Con la 30D (¡ironías del destino!) se invierte la situación: Canon juega a la defensiva, al incorporar el precio dentro de sus argumentos de venta. Dependiendo del daño que le haga Nikon con la D200 y las nuevas cámaras de Pentax y Sony dotadas, sin duda, de sensores con 10 MPíxeles, veremos descender el precio de la 30D desde los 1.300 € de salida hacia la barrera de los 1.000 €. Todo apunta a que Canon ha sido víctima de su propio éxito al desarrollar los sensores CMOS y conseguir que tuviesen un nivel de ruido muy inferior a los de la competencia. De esta cualidad ha hecho bandera, y mucho me temo que no ha sido capaz de reducir el tamaño de los elementos fotosensibles sin comprometer el nivel de ruido. Canon, por tanto, se ha visto ante la obligación de elegir: más ruido y más resolución, o sensores más grandes. Y todo apunta a que ha adoptado la segunda vía.
Tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Estas cosas son inevitables en un mercado que muestra signos de madurez. El formato APS-C lleva las de ganar en la pugna por convertirse en el nuevo paso universal de la foto digital, lo que implica una ralentización en la introducción de nuevas prestaciones y productos. Los cinco últimos años han permitido a Canon ocupar una posición envidiable en las ventas de cámaras réflex APS-C y objetivos; su situación ya no es tan cómoda. Nikon y Sony le van a poner las cosas menos fáciles.
Y abundando en lo dicho, Canon ¡por fin! ha puesto fin a la sangría de ventas que suponía no disponer de un zoom todo terreno de alta calidad para este formato. El remedio viene en forma de un interesantísimo objetivo 17-55 mm. F2,8 IS USM EF-S, justa réplica al famoso 24-70 mm. F2,8 L para paso universal, con el beneficio añadido de la estabilización óptica. Como ya es habitual, Canon sigue negando el calificativo "L" a los objetivos EF-S (sólo válidos para el sensor APS-C), a pesar de que éste en particular tiene las características y el precio (1.000 €) suficientes como para merecerlo, a falta de corroborarlo con las pruebas pertinentes. La razón por la que Canon niega a este objetivo de la gama EF-S tal calificativo e incluso el parasol, que hay que pagarlo aparte, es un misterio. Ganas de perder ventas y derivar posibles clientes a otras marcas. Si lo hace para proteger las ventas de las cámaras de paso universal, lo acabará pagando caro; negar la realidad y maltratar a la clientela son malas estrategias empresariales.
Dejemos a Canon con sus dudas existenciales y fijémonos en las buenas noticias, en forma de aluvión de nuevos objetivos zoom todo terreno con el rango de focales perfectamente adaptado al sensor APS-C. Sigma nos sorprende con un 17-70 mm. F2,8-4,5 DC que, sin ser EX, tiene todos los números para convertirse en un gran acompañante de las réflex sencillas, ésas que rondan los 600 o 700 €. En este mismo terreno, Tamron ha reaccionado con fuerza (no me extraña, le va la vida en ello) replicando en APS el fantástico 28-75 mm. F2,8 que tantas satisfacciones da a los fieles a la película: bienvenido sea el zoom 17-50 mm. F2,8 XR Di II LD Asférico, competencia directa del popular 18-50 mm. F2,8 EX DC de Sigma y del resto de zooms todo terreno dosconocho. Tokina tampoco quiere quedarse atrás y anuncia futuros objetivos como el 16-50 mm. F2,8 y un espléndido (sobre el papel) 50-135 mm. F2,8 equivalente al clásico 70-200 mm. en paso universal. Y entre tanta fiesta Nikon aporta su toque de distinción con un nuevo objetivo macro, un 105 mm. F2,8 AF-S (motor de enfoque ultrasónico) y VR (es decir, estabilizado); todo un lujo para los amantes de esta modalidad tan técnica de la fotografía.
Mientras todo esto ocurre, seguimos esperando con interés el desembarco de Sony en el mundo réflex tras la adquisición de partes de la extinta Minolta, y también esperamos el siguiente movimiento de Pentax y su nuevo socio Samsung en este terreno. Este año promete novedades muy interesantes para la feria Photokina, que tendrá lugar en septiembre.