Photokina 2004.
Con 1.600 expositores y más de 160.000 visitantes, esta edición de Photokina, la feria de la imagen más importante del mundo y que se celebra cada dos años en Colonia, ha sido todo un éxito. La frase que encabeza el informa final de la feria define muy bien el panorama actual de la industria fotográfica: "Los sectores de la fotografía, las telecomunicaciones y la tecnología de la información caminan juntos hacia el futuro".
Ciertamente, la digitalización de la imagen es evidente para cualquier profesional o aficionado a la fotografía que esté mínimamente atento a las noticias del sector. También se produce el fenómeno opuesto: más y más dispositivos digitales y aplicaciones informáticas necesitan, para sobrevivir, dotarse de la capacidad para capturar, manipular y transmitir imágenes. Basta con echar un vistazo a los teléfonos móviles que hasta regalan los operadores de telefonía móvil en cualquier tienda del ramo: prácticamente todos llevan su camarita digital incluida. Son capaces de hacer una foto, visualizarla, almacenarla y enviarla a otros teléfonos móviles simplemente con cuatro golpes de tecla. Algo impensable hace dos días.
No voy a hablar del futuro del material fotosensible. Si algo le queda, es como mera comparsa en la función de la impresión de copias a partir de soporte digital, e incluso este papel está puesto en cuestión por el cambio de hábitos detectado en los usuarios de cámaras digitales, que han decidido pasar de la tienda fotográfica de la esquina para ver sus fotos en el monitor o impresas en la impresora de chorro de tinta de su PC:
Lo que más me ha llamado la atención de Photokina es la reestructuración radical del mercado en el segmento alto de gama, ese al que aspiran millones de aficionados en todo el mundo, y que hasta ahora estaba ocupado por las compactas "de tronío", con precios que oscilaban entre los 900 y los 1200 €. Pues ya no, a partir de Photokina y de sus anuncios, dentro de un año estará copado por la vieja y fiable réflex, en su nueva vestimenta: la réflex digital de aficionado. Volvemos a la bolsa con la cámara y -al menos- dos objetivos, y algún que otro flash externo para acompañar al conjunto. Y todo gracias al enorme esfuerzo de los fabricantes tradicionales que han espabilado y de qué manera. Tras la aparición de cámaras réflex digitales a 1.000 €, ya tenemos a la vista el kit (cámara más objetivo) a 900 €. Adiós a las compactas de lujo.
Mientras la guerra de los megapíxeles llega a su tope tecnológico en el mundo de las compactas por imposibilidad física de seguir disminuyendo el tamaño del elemento fotosensible sin que se degrade la calidad de la imagen mas allá de lo tolerable, los sensores que equipan las réflex digitales tienen mucho camino por delante para, manteniendo una calidad de imagen aceptable, aumentar su resolución. Al mismo tiempo la masificación de su producción abaratará los costes y permitirá réflex de aficionado en la frontera de los 600 €. Gracias a su superior tecnología óptico-mecánica enfocan rápidamente y con precisión, responden antes al disparador y se benefician del intercambio de objetivos para ofrecer al aficionado experto una experiencia fotográfica muy superior a la que obtendría con una compacta, no importa cuán cara sea. Hay réflex para rato.
Mientras tanto, el segmento de las compactas le ve las orejas al lobo en los teléfonos móviles. Los hay de 2, 3 y hasta 5 millones de píxeles, con flash, y dentro de nada con microópticas que enfocarán y hasta tendrán zoom. Mucha creatividad le van a tener que meter los diseñadores para que las cámaras compactas sencillas sigan vendiéndose como productos separados.
Vamos a dar un paseo por las novedades que más me han llamado la atención. A diferencia de otros artículos sobre ferias de fotografía, las agruparé por segmento, no por fabricante.
Sólo para profesionales (con una cuenta corriente saneada).
Aquí sólo hay lugar par dos. Tras la fantochada de Kodak con la Pro N y la Pro C, dos cámaras con un sensor de 11 Mpíxeles embutido en sendos cuerpos de aficionado (derivados de la F80 en la versión con montura Nikon, por un lado, y un desarrollo de Sigma, en la versión con montura Canon), sólo Canon y Nikon demuestran tener lo que hay que tener para dar soluciones digitales a los profesionales que quieran combinar la versatilidad y la portabilidad del formato de 35 mm. con la resolución y la calidad del formato medio.
En primer lugar, como le corresponde por sus prestaciones, veamos la nueva EOS 1Ds MK2. Es, simplemente, la reina de las cámaras digitales del formato 35 mm. Canon ha sido capaz de capitalizar sus avances en el desarrollo de los sensores CMOS y crear un chip con el mismo tamaño que un negativo de 35 mm., capaz de recoger 16,7 millones de elementos fotosensibles y extraer la información recogida en cada foto a un ritmo excelente: cuatro imágenes por segundo. No ha sido tarea fácil, ocho canales extraen los datos de cada imagen en paralelo, más toda una electrónica que debe procesar la información y almacenar ráfagas de hasta 32 imágenes en formato jpeg u 11 en formato RAW. El exponente máximo de lo que la electrónica de consumo es capaz de dar en una cámara digital.
El tamaño del chip permite a Canon explotar toda su gama de objetivos de la serie L (no creo que ningún propietario de esta cámara le ponga delante objetivos de peor calidad) que funcionarán con el ángulo de visión para el que fueron creados. Por fin el 24-70 F2,8 L cubrirá los encuadres para los que fue diseñado. El mundo del gran angular vuelve a ser lo que era. Por otro lado, el rango de sensibilidades de la cámara alcanza hasta 3.200 ISO, demostrando que es posible fabricar una sensor de altísima resolución y alta tolerancia al ruido digital. Nadie lo había conseguido hasta ahora.
Del cuerpo no hay que hablar, porque se trata de una derivación del famosísimo 1, que tantas satisfacciones ha dado a los profesionales de todo el mundo. Robusto, insensible a las inclemencias atmosféricas, dotado de una ergonomía que prima, por encima de todo, la protección de los controles para que ningún movimiento cambie inadvertidamente sus valores. En fin, para qué seguir. Mejor cito unas palabras de Canon que definen perfectamente el público al que va dirigida esta cámara:
Por 8.000$, la 1Ds Mark II iguala, y sobrepasa en muchos aspectos, las prestaciones de los respaldos digitales que cuestan el doble o más, y necesitan además un cuerpo de formato medio. Si se tiene en cuenta el precio y la oferta limitada de objetivos y accesorios de este formato y los extras necesarios para hacer funcionar los respaldos digitales, se puede considerar que la 1Ds Mark II, sin ser barata, tiene un precio excepcional.
El primer asalto al formato medio ha comenzado. Pero no todo va a ser fácil para Canon. Con esta cámara el menor defecto de sus objetivos saldrá a la luz. Canon cuenta con una gran gama de objetivos, pero la mayoría de ellos se diseñaron con la película fotosensible en mente. Muy segura debe de estar Canon de sus objetivos de clase L para sacar una cámara de tanta resolución y sensor tan grande sin acompañarla de objetivos diseñados especialmente para la era digital. Justo la postura opuesta a su gran rival, Nikon. Esperaremos a lo que digan las pruebas.
Nikon, por su parte, lanza la D2x, largo tiempo esperada por una clientela fiel que ha visto como ha pasado de ser líder en la fabricación de cámaras réflex digitales de 35 mm. a seguir a una cierta distancia a su gran rival, Canon. La D1x, a la que reemplaza, estaba hace mucho tiempo fuera de mercado. Afortunadamente, la D2x aprovecha el cuerpo de la D2h, incluido el módulo de enfoque automático con 11 zonas activas y una robusta construcción en aleación de magnesio, y lo dota ¡por fin! de un sensor con la resolución que los profesionales están esperando hace tiempo: en este caso, 12,4 millones de elementos fotosensibles. Pero, y éste es un "pero" muy grande, los estrategas de Nikon siguen empeñados en mantener el formato de sensor APS-C, cuya superficie ocupa el 43% de la del sensor que equipa la 1Ds MKII. Menos píxeles totales, y elementos fotosensibles más pequeños. Eso, en el estado del arte de la fotografía digital, tiene un nombre: ruido.
A Nikon le queda la esperanza de que las pruebas demuestren lo contrario de lo que la teoría apunta: que sus niveles de ruido van a ser notablemente superiores (entre uno y dos EVs) a los de su rival. Para nada ayuda el que la sensibilidad máxima esté limitada a 800 ISO, y supongo que a los periodistas deportivos y de prensa tampoco les hará mucha gracia, en especial porque la única alternativa de Nikon es la D2h, estupenda pero con ¡oh! sólo cuatro megapíxeles.
Y es que en el corazón de estos datos está el hecho incuestionable de una apuesta arriesgadísima: la limitación del sensor a un tamaño único para toda la gama de réflex digitales. Lo que funciona para el segmento de aficionados no tiene por qué hacerlo para el de profesionales. Y lo más curioso de todo es que la parte positiva de esta estrategia, los objetivos de la serie DX, diseñado en exclusiva para este tamaño de sensor, están destinados a los profesionales (salvo el 18-70 entregado como kit con la D70). ¿Qué hará Nikon si es incapaz de fabricar cuerpos profesionales a la altura de sus clientes? ¿Esperar a que la tecnología avance lo suficiente para que se puedan empaquetar en un sensor APS-C 16, 20 0 24 millones de píxeles a un nivel de ruido similar al que ofrece Canon?
La verdad es que sería una lástima que mis temores se materializasen, porque la D2x tiene unas prestaciones excelentes: ráfagas de 5 imágenes por segundo, memoria intermedia con capacidad para 15 ficheros en modo RAW (NEF), un cuerpo menos pesado que el de su rival (1,2 Kg frente a 1,5 Kg), una pantalla de 2,5" de diagonal. Sin embargo, hay una prestación de esta cámara que es difícil de entender, salvo que sea una repuesta desesperada a un fracaso en las ventas de la D1h: el modo "recortado", que utiliza sólo la parte central del sensor (6,8 millones de píxeles) para aumentar las ráfagas a 8 imágenes por segundo. Eso sí, el factor de recorte es de 2x, lo que descuadra, una vez más, los ángulos de visión de los objetivos utilizados. Nikon ha intentado resolver de un plumazo la carencia de una cámara de alta resolución para el profesional y la escasa resolución de su cámara de acción, la D1h. El primer objetivo lo ha conseguido, pero sólo a medias (por la limitación de la sensibilidad). El segundo, con esa limitación tan severa de la sensibilidad, la dificultad de encuadrar utilizando sólo una parte del visor y el cambio de encuadre de las ópticas utilizadas, mejor que no lo hubiese intentado.
Las novedades para el aficionado exigente.
Este segmento ha estado dominado por el anuncio de la sucesora de la 10D, la Canon EOS 20D. Ya he hablado bastante de este modelo en el artículo correspondiente. Canon sigue superando a Nikon en el segmento de los 1.500 € mientras que Nikon le da sopas con honda en el de los 1.000 € con la D70.
Konica-Minolta (KM) ha sido la encargada de demostrar que hay vida más allá de la eterna pareja. Desgraciadamente, corre el peligro de repetir la tristísima historia de Pentax y su *ist D, llegar tarde al mercado. Y con lo impacientes que somos los consumidores (de cualquier cosa), eso se llama fracaso. En cualquier caso, aquí tenemos la Maxxum/Dynax 7D.
Y eso que KM ha puesto toda la experiencia de la extinta Minolta en el mundo réflex para crear una cámara que gustará mucho a los puristas, con una interfaz de usuario basada en la rapidez y claridad de uso que dan los accionadores mecánicos, ruedas y botones destinados para poner en la mano del fotógrafo casi todas las funciones necesarias para configurar la cámara en cada momento, sin tener que bucear por los menús y sin tener que quitar el ojo del visor. Y ya que hablamos de visor, las primeras impresiones hablan de un diseño bastante superior a los habituales de las réflex con sensor APS-C. Es de agradecer.
En el capítulo de novedades, queda en el saco la más importante: la estabilización de la imagen por desplazamiento del sensor. Esta prestación, sólo disponible en KM, multiplica por cuatro (equivalente a dos EVs) el tiempo de exposición máximo en el que la foto no sale movida. La regla tradicional que expresa el tiempo de exposición máximo como la inversa de la focal equivalente en segundos se rompe. Así, si utilizamos un objetivo de 100 mm. de focal, lo que equivale a 150 mm. con un sensor APS-C, el tiempo de exposición máximo es de 1/150 seg. Con la estabilización activada se puede disparar hasta a 1/40 seg. sin que la foto salga movida (o trepidada, como dicen los que saben). Mientras que el resto de fabricantes ha situado el mecanismo de estabilización en el objetivo mediante el movimiento controlado de alguna de sus lentes, la ventaja de estabilizar el sensor es obvia: sirve para todos los objetivos. Sin duda, un gran avance tecnológico, derivado del sistema empleado en las compactas digitales de la serie A (A1 y A2).
Por lo demás, la Dynax 7D resulta bastante insulsa: el sensor es el ya conocido de Sony que equipa a la D70. Y no es que sea malo, pero para los tiempos que corren el estándar está ya en los ocho megapíxeles. KM ha hecho tarde y lo puede pagar caro. El cuerpo se viste de aleación de magnesio, para encapsular una mecánica capaz de disparar tres imágenes por segundo hasta un máximo de 9 en modo RAW o 12 en modo JPEG. Su velocidad de obturación va desde los 30 segundos hasta 1/4.000, el flash sincroniza a 1/160 seg. (con el estabilizador activado baja a 1/125 seg.) y dispone de un sistema de enfoque de nueve zonas. Como se puede ver, nada del otro mundo.
Un aspecto controvertido, que tanto puede considerarse una ventaja como lo contrario, es el sistema de visualización de los valores de la configuración. Los competidores utilizan una pantalla LCD monocroma y retroiluminada, normalmente situada en la parte superior, para mostrar en todo momento el valor de los parámetros más útiles para el usuario, reservando la pantalla TFT posterior para el ajuste del resto de parámetros y la visualización de las fotos. La Dynax 7D ha eliminado la primera en favor de una segunda mucho más grande de lo habitual (2,5" de diagonal), que dispone de un modo de visualización donde se recogen los datos organizados al estilo de las pantallas LCD de la competencia. Aunque esta disposición ahorra espacio y facilita la visión de las fotos, es más molesta para el fotógrafo, en especial cuando se trabaja en condiciones límite de luz (demasiada o muy poca), a la vez que aumenta innecesariamente el consumo de energía.
Aparte del gran avance que supone la estabilización de la imagen en la cámara, el problema grave al que se enfrenta la Dynax 7 es que llega al mercado con un precio anunciado que rondará los 1.700 €, justo cuando este segmento ya está en el siguiente escalón de resolución. Aparte de los propietarios de objetivos Minolta, el atractivo de esta cámara para el resto de aficionados es limitado, tanto por el precio, demasiado elevado para que venza la inercia del atractivo de Canon o Nikon, líderes indiscutibles de la industria, como por la reducida gama de objetivos que KM ofrece. Claro que si saliese al mercado por 1.200 € con un objetivo de calidad razonable, la cosa cambiaría... Mucho me temo que no será así y que KM corre el serio riesgo de acabar como Pentax con la *ist D, ahora reeditada con el original nombre de *ist DS, prestaciones similares y un precio más cercano a la realidad, similar al de la EOS 300D.
La primera réflex digital para el aficionado a un precio razonable.
Quien sí parece que ha aprendido de sus errores pasados es Olympus. Y probablemente esté, sin saberlo, escribiendo un capítulo en la pequeña historia de la revolución de la fotografía digital. Tras el disparatado precio de la E-1, una cámara que ni es carne ni pescado, con pretensiones de cámara profesional, con un sensor 4/3 bastante más pequeño que los de la competencia y un precio bastante superior, Olympus lanza una cámara del mismo formato (Cuatro Tercios) a un precio verdaderamente bueno. Por 900 € se rumorea que saldrá el próximo diciembre a las tiendas, incorporando el nuevo objetivo 14-45 mm. F3,5-5,6.
Y no es que la E-300 venga falta de prestaciones. Dotada de un nuevo sensor del formato Cuatro Tercios, fabricado por Kodak, tiene 8 millones de píxeles que ocupan 19,7 x 15 mm. de superficie. Mantiene el mismo sistema de enfoque que la E-1 con tres zonas activas, el obturador es capaz de disparar a 1/4.000 seg. y sincroniza el flash a 1/180 seg., valor razonablemente bueno. El rango de sensibilidades es justito, 100 a 400 ISO, pero puede forzarse a 800 y a 1.600 ISO. Como factor diferenciador con la competencia, Olympus ha mantenido el sistema de limpieza del sensor sometiéndolo a vibraciones de alta frecuencia, una sofisticación que es de agradecer, dado su precio.
Precisamente para conseguir un precio lo más bajo posible, Olympus ha sustituido el pentaprisma omnipresente en la parte superior de las cámaras réflex por un sistema basado en el visor Porro (curioso nombre), muy popular en los prismáticos y en algunas cámaras antiguas. Mediante un conjunto de espejos el visor se encuentra desplazado hacia arriba y a la izquierda del eje óptico del objetivo, lo que hace a la E-300 más compacta. A simple vista, no se distingue de una compacta digital dotada de visor electrónico. Sin embargo el visor Porro, mediante un sistema de espejos, dirige la luz que entra por el objetivo al visor, que mantiene el principio sagrado de la tecnología réflex: se ve por el visor lo que capta el objetivo. Este sistema obliga a que el espejo situado delante del obturador gire lateralmente y no hacia arriba, como ocurre en las réflex tradicionales.
El diseño de la cámara destaca por sus reducidas dimensiones y peso. Mide 147 x 85 x 64 mm. y pesa 580 gramos. El objetivo que se incluye con la cámara, el 14-45 F3,5-5,6, mide 87 mm. de largo y pesa 285 gr. Con menos de 900 gramos, la E-300 compite en dimensiones y peso con las compactas alto de gama, como la Olympus C-8080, que mide 124 x 85 x 99 mm. y pesa 724 gramos. Las ventajas de un sistema réflex de objetivos intercambiables a un precio, tamaño y peso próximos a los de las compactas que, hasta ahora, reinaban en el segmento situado por debajo de los 1.000 €. Esa es el desafío que supone la E-300. ¿Cuánto tardarán los demás fabricantes en responder?
¿Y qué pasa en el mundo de las compactas?.
Temblando están los fabricantes ante lo que se les viene encima. Los fabricantes de teléfonos móviles, con una maquinaria de promoción detrás simplemente impresionante, han adoptado la foto digital como una prestación fundamental en la lista de características de los próximos modelos. Uno, dos tres y hasta cinco millones de píxeles serán resoluciones normales en cualquier móvil del 2005. El flash integrado empieza a hacer aparición. Es cuestión de tiempo que incorporen microobjetivos que sean capaces de enfocar y, ¿por qué no?, que dispongan de zoom óptico.
Mientras esto ocurre, el segmento superior del mercado de las cámaras compactas sufre la presión del descenso de precios de las réflex digitales, muy superiores en prestaciones. La industria sólo sabe reaccionar con el argumento de la resolución. Tras la aparición del sensor 2/3" de 8 megapíxeles, ahora le ha tocado el turno al de 1/1,8" que aparece en versión de 7 megapíxeles. Canon lo ha utilizado para su enésima versión del modelo G. Conservando el mismo objetivo 4X (35-140 mm. equivalentes) que ha presidido la serie G desde la G3, cambiando el sensor y las tripas electrónicas, Canon ha sido capaz de actualizar el producto con un coste reducido de desarrollo. Esta tendencia es la norma en el sector: se estira la vida de las ópticas gracias a los nuevos sensores que aumentan su resolución manteniendo el tamaño. La serie G es un ejemplo de libro: desde la mítica G1, anunciada en septiembre de 2.000, todos los modelos han utilizado el sensor de 1/1,8" con cuatro resoluciones diferentes: 3 (G1), 4(G2 y G3), 5 (G5) y ahora 7 millones de píxeles. Esta escalada de resolución sin aumentar el tamaño del sensor tiene un precio: los elementos fotosensibles son cada vez más diminutos, y aunque la tecnología empleada en su fabricación y el tratamiento digital de la imagen han mejorado sustancialmente, al final los niveles de ruido se disparan. Los fabricantes responden a este problema aplicando algoritmos de reducción de ruido por software que eliminan parte del detalle en las zonas de la imagen que contienen transiciones suaves de color o detalles sutiles. En definitiva, que la calidad de imagen acaba pagando el pato.
Se avecinan malos tiempos para los fabricantes de cámaras compactas.