[Abr. 2008] Prueba de la cámara Olympus E-3 y del objetivo Zuiko 12-60 mm. F2,8-3,5
Dice el refrán que el que mucho abarca, poco aprieta. ¿Ha caído en esta trampa Olympus con la E-3 o ha sabido encontrar la cuadratura del círculo? Lee la prueba en profundidad al estilo Imagenlibre y saca tus conclusiones.
[May. 2008] Las tribulaciones de un cambio de monitor (I)
¿Qué problemas inesperados surgen cuando se debe jubilar el viejo y fiable monitor de tubo y comprar una pantalla LCD? Descúbrelo compartiendo mi experiencia, mucho más complicada de lo que esperaba.
Las tribulaciones de un cambio de monitor (I).
Sentado delante de mi viejo monitor Dell de 19 pulgadas, dotado de un excelente tubo de vacío Trinitron de Sony, sigo dándole vueltas a su sustitución. Vaya por delante que no soy un nostálgico de la tecnología: si puedo no mantengo un PC más de cuatro años, he pasado por cinco cámaras digitales en los últimos nueve años e incluso he sucumbido a la bajada espectacular de precios de la EOS 40D y he jubilado mi 10D tras cuatro años y medio y más de 40.000 fotos con ella. La tecnología digital avanza a grandes saltos, lo nuevo ayer os obsoleto mañana y si pretendes tener un sistema digital doméstico equilibrado tienes que evolucionar todas sus partes.
Siendo un aficionado a la fotografía hay que cuidar el ordenador, corazón digital del sistema. La cámara y los objetivos constituyen el ojo, la mano y el cerebro del sistema, pero el ordenador mueve el torrente de bits que va de la captura de la imagen hasta su visualización pasando por su proceso. Si se para el corazón se muere el paciente, así que hay que prestarle atención.
Coincidencias de la vida, el nacimiento de la fotografía digital se ha solapado en el tiempo con el esplendor y el rápido declive del tubo de rayos catódicos (CRT es su acrónimo en inglés), lo que ha permitido que, mientras los CRTs reinaban, la elección del monitor correcto fuese algo sencillo. Como toda tecnología madura, el mercado dejaba claro la calidad de lo que se compraba. Los buenos monitores CRT tenían un precio razonable y -lo mejor de todo- no daban sorpresas a los que, como los fotógrafos, buscábamos la fidelidad de la imagen a la hora de comprarlos. La tecnología CRT de última generación estaba bien adaptada a la reproducción fiel de las imágenes, en parte por sus características físicas y también porque la gestión digital del color se construyó teniendo en cuenta sus posibilidades; un hecho fundamental fue la creación y adopción del espacio de color sRGB y su posterior popularización, puesto que sentó las bases para la reproducción de la imagen en los ordenadores domésticos con un mínimo de calidad y consistencia.
Pero ¡ay! mientras el Dell de 19" me acompañaba en mis aventuras fotográficas, un terremoto sacudía los cimientos de la industria de la visualización digital: las pantallas LCD, al principio monocromáticas y destinadas a la visualización de datos en formatos muy simples, consiguieron miniaturizarse gracias a la adopción de la tecnología de transistores de película fina (TFT en inglés), creando píxeles capaces de reproducir los tres colores básicos; la muerte del tubo de rayos catódicos estaba anunciada. ¿La razón principal? su finura: no en balde son merecedores del nombre "pantalla plana". Además, la industria de la imagen agradeció su simplicidad de construcción. Un monitor LCD consta de tres elementos básicos: un panel LCD cuyos píxeles individuales se vuelven opacos o transparentes en función de la señal aplicada, una fuente de luz de intensidad variable situada justo detrás del panel y un sistema digital de control e interfaz que captura la señal y la trata convenientemente para optimizar su visualización. Le acoplamos una fuente de iluminación, la metemos en una caja con su pie correspondiente y ¡voila! ya tenemos el monitor.
La razón de su rápida adopción por el mercado masivo fue, sin duda, sus características físicas: su reducidísima profundidad hizo que entrase con fuerza en el puesto de trabajo y en el hogar, donde cada vez hay menos espacio. A diferencia del tubo, que crece en profundidad proporcionalmente a su superficie de visualización, las pantallas LCD escalan en tamaño manteniendo apenas unos diez o quince centímetros de profundidad, lo que las hace imbatibles en el mundo de la gran imagen: los televisores LCD han tirado de toda la industria y han puesto el último clavo en el ataúd del tubo de rayos catódicos, que ya apenas se fabrica.
Y si todo es tan maravilloso, ¿por qué lamentarse? No es la primera vez -ni la última- que una tecnología sustituye rápidamente a otra obsoleta. Se adopta y se pasa página, ¿no?. Un momento, en este caso hay un pequeño problema: desgraciadamente para los que pedimos a un monitor fidelidad a la imagen, la tecnología LCD supone uno paso atrás respecto a la que ha sustituido. Porque detrás de un inocente monitor LCD no subyace una tecnología, sino cuatro: el panel LCD se puede fabricar con cuatro tecnologías diferentes: TN, MVA, PVA y S-IPS. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes (no me extenderé sobre el tema, largo y complejo); basta saber que los paneles TN son los más populares por un motivo poderosísimo: son muy baratos de fabricar, pero también son los que peor reproducen la imagen en cuanto a gama de colores, uniformidad de la luminosidad y de la temperatura de color. Dicho en plata: son un verdadero desastre en cuanto a la fidelidad de la imagen. El que lo quiera comprobar que se siente delante de un panel TN y mueva la cabeza en sentido vertical: apreciará un notable cambio en la luminosidad que imposibilita la visualización correcta de cualquier fotografía.
Otro aspecto del desarrollo de los monitores LCD que juega en contra de nuestros intereses es su incapacidad de mostrar imagen en movimiento, debido al elevado tiempo de transición entre dos niveles de opacidad que se produce en cada píxel. El resultado es (bueno, era) una estela que perseguía al sujeto en movimiento. La industria ha preferido destinar sus euros a solucionar este defecto, ignorando en gran medida otros aspectos que inciden en la mala reproducción de la imagen. Mala suerte, el consumidor medio se da por satisfecho con los colores brillantes y cantarines de las fotos con los que nos regalan los monitores LCD, y tampoco le preocupa los cambios en la luminosidad en función de su posición ante ellos. Sólo unos pocos fabricantes trabajan para proporcionar monitores realmente aptos para una reproducción correcta de la imagen, a costa de unos precios desorbitados -si los comparamos con monitores CRT equivalentes en calidad- y necesitando en muchos casos recurrir a complejos procedimientos de calibración que, para añadir sal a la herida, deben gestionar los propios usuarios.
Y en eso estoy: aprendiendo las virtudes y defectos de las cuatro tecnologías de paneles, leyendo complejas pruebas de modelos concretos donde se discuten temas tan exóticos como la respuesta real de cada canal de color a la curva gamma teórica, la temperatura de color para cada ajuste en función de la luminosidad, la uniformidad de respuesta en la superficie del panel al negro y al blanco y el tiempo de respuesta de las transiciones temporales de luminosidad en función del par de luminosidades origen/destino. Todo para conseguir un objetivo modesto sobre el papel: reemplazar mi agonizante Dell por un monitor que me permite retocar y visualizar mis fotografías con corrección sin dejarme una fortuna en el camino y sin tener que recurrir a calibradores, perfiles de color o carga de tablas LUT en la tarjeta gráfica o en el monitor. Seguiré contando mis experiencias.