Introducción
Nuevo Sonimag y nueva visita a Barcelona para detectar el pulso de la industria fotográfica en España y, ¡cómo no! las principales novedades en cámaras, objetivos y accesorios. Este año he organizado el artículo de forma diferente. He creado una galería con un buen número de fotos donde se ven en detalle los productos que más me han llamado la atención y algunas instantáneas del ambientillo de la Feria. Acompañando a cada foto podrás leer los comentarios sobre los diferentes productos que allí pude encontrar, reservando este artículo para dedicarlo a las principales tendencias del mercado. Pincha aquí para visitar Sonimag en 70 imágenes.
La reina de la fotografía.
Ha vuelto por sus fueros. Con más fuerza que nunca, la cámara réflex desafía al paso del tiempo y demuestra todo su poderío como nueva reina de la foto del siglo veintiuno. En Sonimag los que tenían una buena oferta réflex que mostrar, arrinconaban las cámaras compactas. Ante la confusión existente por la multitud y ubicuidad de los dispositivos de captación de imágenes fijas (ya no es posible llamarlos cámaras), el aficionado valora positivamente la cámara réflex de toda la vida, grande, sólida, pesada y con un buen objetivo. La verdad es que las cámaras réflex actuales ni son tan grandes, ni tan pesadas, ni los objetivos de kit son especialmente buenos, pero lo que importa es la percepción del cliente potencial y, hoy por hoy, el aficionado experto demanda tecnología réflex.
Desde este punto de vista se puede hablar de perdedores. Empresas que sólo ofrecen cámaras compactas, arrastradas a una guerra de precios propiciada por las marcas blancas y por la inclusión de facilidades fotográficas en teléfonos móviles, y sin posibilidad de lanzar al mercado productos con margen elevado ya que tropiezan con la competencia directa de las réflex de aficionado. El mercado de las compactas se parece más y más a un bocadillo, estrujado por abajo y por arriba. Que se lo digan a Sony, que ha dado un giro brusco en su estrategia de cámaras con el lanzamiento de la R1, más parecida a una réflex de objetivo fijo que a una compacta de lujo si nos atenemos al tamaño y al peso. En fin, Sony, Kodak y Panasonic, por mucho que adornen sus cámaras con nombres legendarios en sus objetivos (Carl Zeiss, Leica o Schneider-Kreuznach), están condenados a ofrecer productos a precios -y márgenes- muy ajustados.
¿Quiere esto decir que el mundo réflex es fácil para las empresas que disponen de este tipo de cámaras? Nada más alejado de la realidad. Si bien es cierto que una gran parte de la facturación de la industria se ha desplazado del mundo de la película y del papel fotosensible al mundo de la cámara, la digitalización ha supuesto un problema muy difícil que la mayoría de fabricantes no ha resuelto todavía. A la cámara hay que enchufarle el sensor, dispositivo que sólo Canon y Fuji controlan de principio a fin al haber desarrollado productos propios. Los demás dependen fundamentalmente de Sony y Kodak para los sensores que instalan en sus cámaras réflex.
Canon ha jugado sus cartas -de momento- con astucia comercial, primero estableciendo el listón de la resolución en ocho Mpíxeles, mientras la competencia sigue con seis. Y segundo, apostando por dos tamaños de sensor para diferenciar los productos destinados al profesional (sensor de paso universal) y al aficionado (sensor APS-C); no es de extrañar que la 5D, la primera cámara de paso universal y 12,7 Mpíxeles a 3.000 €, fuese la reina del certamen. Fuji, muy al contrario, ha sido incapaz de desarrollar o comprar la tecnología necesaria para fabricar cámaras propias donde instalar sus excelentes sensores CCD y así les va, lastrados por las piezas y la tecnología que Nikon le suministra con tacañería calculada (piezas de la F80, gestión del flash D-TTL, etc.) para evitar un competidor molesto y mantenerlo un paso detrás en tecnología réflex. Por cierto, Nikon sigue sin desvelar a qué juega en el tema de los sensores: ¿seguirá comprándolos a Sony o por fin tendrá una oferta competitiva de su propia cosecha LBCAST?
Pentax hace lo que puede con el omnipresente sensor de 6 Mpíxeles de Sony, declinando una y otra vez la cámara *ist en versiones sucesivas que se parecen como gotas de agua. KM, al menos, juega con la baza de la estabilización de la imagen en la cámara, lo que da un valor añadido a su oferta. Olympus ha sido más agresiva y se ha comprometido hasta el cuello con el formato Cuatro Tercios, para el que ha desarrollado una amplia gama de objetivos que cubre las necesidades de aficionados y profesionales al mismo tiempo. Su talón de Aquiles es el tamaño del sensor, que tal y como están las cosas limita sus posibilidades ante el profesional y el aficionado exigente.
La impresión de la imagen.
En la actualidad, la oferta precede a la demanda, sobre todo en los mercados dominados por la tecnología digital. La impresión de fotografías, sea por el método que sea, no se escapa a esta lógica aplastante. Los fabricantes apuestan grandes sumas de dinero en investigación y en marketing para lanzar nuevos productos con la esperanza de crear una demanda inexistente entre los consumidores.
Es cierto que se está creando un archivo de imágenes monstruoso sin imprimir, almacenado en los discos duros, CDs y DVDs de los poseedores de cámaras digitales. Mientras resida en el dominio digital, estará sujeto a los avatares del paso del tiempo, implacable con los unos y los ceros. Las fotos no dejan de ser archivos que se pueden perder no sólo por el deterioro del medio físico en el que residen, al igual que ocurre con la fotografía química, sino por la obsolescencia del medio en el que residen, tanto física (¿quién puede leer hoy un disquette de cinco pulgadas y cuarto grabado hace diez años?) como lógica (¿qué aplicación vigente dentro de diez años entenderá los archivos RAW de mi 10D?).
La industria de la imagen lo sabe, e intenta convencer a los consumidores de que el mejor archivo de una foto es su forma impresa. Imaginación y ganas no les falta ni a los fabricantes de impresoras ni a los laboratorios, todos lanzados a por un porcentaje, por pequeño que sea, del inmenso almacén virtual de imágenes en manos de los fotógrafos. Impresoras que se conectan directamente a las cámaras, álbumes de fotos en forma de libro o revista que se maquetan con programas gratuitos y se envían por Internet al laboratorio, o quioscos de autoservicio son sólo algunos ejemplos de una tendencia que no va a dejar de crecer durante los próximos años. ¿Lograrán despertar de su letargo al consumidor? ¿Volveremos a disfrutar de las fotos en su expresión más bella?
Y para acabar... un epitafio.