Introducción
Se acaba de celebrar un nuevo Sonimag, la feria bienal española de la fotografía. manteniendo una superficie y un número de visitantes similar a la edición del 2005. Cuatro cosas me han llamado la atención: la vuelta de la tortilla entre Canon y NIkon, la carrera desesperada del resto de fabricantes de cámaras réflex por ser el tercero en discordia, el subidón que ha pegado el libro a medida como soporte de las fotos impresas y la llegada de la empresas chinas dedicadas a los accesorios. A lo largo de este artículo las comentaré en detalle.

Como complemento al texto he preparado una galería de fotos donde muestro los productos que me han parecido más interesantes. Para acceder, pincha aquí.

Nikon aprieta las clavijas.
La oportunidad importa mucho en una feria, y no cabe duda que Nikon la ha sabido aprovechar en Sonimag. Tras el anuncio de agosto, coincidente con el de Canon y que comenté en su momento, Nikon le ha robado todo el protagonismo a su eterno rival y ha conseguido que las cámaras más demandadas por los visitantes sean las suyas: la impresionante D3 y su fiel escudero, la D300.

Y ¡qué narices! Se lo tienen bien merecido, que no todos los días una empresa como Nikon hace saltar por los aires su estrategia "DX para todo", difundida hasta el aburrimiento. Se acabó el tamaño único del sensor y eso tras convencer a sus fieles clientes para que se gastasen montañas de euros en cámaras y objetivos DX. Ahora Nikon apuesta por la dualidad de tamaños del sensor (FX para el paso universal de 24 x 36 mm. y DX para el APS-C de 15 x 23 mm.) y, consecuentemente, crea dos sistemas de cámaras y objetivos en la práctica incompatibles. Algo de regusto amargo en la boca tendrán los profesionales y aficionados con posibles que se compraron en su momento la D2X, el 17-55 F2,8 y el 12-24 F4 al ver la novísima D3 junto con el 14-24 y el 24-70, ambos dosconocho de pura cepa.

¿Qué tal la D3? Pues impresionante como todas las pro de NIkon. Factura lujosa e impecable, inmensa y pesada, con las rarezas que tanto gustan a sus seguidores (el control del modo de medición de la exposición situado a la derecha del pentaprisma, por ejemplo), dotada de un visor grande y brillante, una pantalla de PDA en la que se echa de menos algún jueguecito para las largas esperas paparacísticas en los aledaños del famoseo, una empuñadura vertical como debe ser y ese aire tan sofisticado, tan... Nikon. Me recuerda -no puedo evitarlo- a los todo terrenos hipercaros de moda entre los conductores con pasta.

A su lado la D300 palidece por su tamaño, por su semejanza con su antecesora, la D200 y porque es más de lo mismo, más DX, cuando lo verdaderamente sexy en Nikon es el formato FX y su ausencia de ruido a sensibilidades altas. No encuentro explicación al furor que esta cámara ha despertado entre los poseedores de una D200; si lo piensan con la cabeza fría, muchos se darán cuenta que ya tienen una gran cámara entre las manos y que no se justifica el salto al nuevo modelo. En fin, será que ya somos un país rico y necesitamos gastarnos el dinero en algo.

Para redondear el stand, Nikon montó un altillo con una batería impresionante de teleobjetivos Nikkor con sus correspondientes cámaras que hacían de imán para los visitantes. Todo un acierto, nada original por cierto, pero todo un acierto.

Canon o el aburrimiento.
No corren buenos tiempos para Canon. Al lanzamiento estelar de la 1D MK3 le siguió la sospecha de un error fundamental de diseño en su sistema de enfoque automático. La polémica sigue y sigue en Internet y, aunque las ventas de la cámara parecen ir bien, la que supone la primera renovación a fondo de la serie 1 arroja más sombras que luces sobre la reputación fotográfica de la empresa. Para colmo de males el anuncio de la 40D y de la 1Ds MK3 del 19 de agosto fue contrarrestado por Nikon unos días después con la D3 y la D300. A Canon se le ve ligeramente a la defensiva, lo que en Sonimag se tradujo en un stand cerrado sobre sí mismo, más destinado a servir a los clientes existentes que pensado para captar nuevos. Es sintomático que la parte destinada al equipo profesional fuese una especia de atalaya cuyo acceso requería hacer una larga cola de media hora de duración como poco. La verdad es que te atendían muy bien (me dejaron probar el nuevo tele 70-200 F4 IS), pero no sabías con lo que te ibas a encontrar hasta que llegabas allí. Por cierto, tuve la oportunidad de tocar la 1Ds MK3 y sus 21 millones de píxeles, peor desgraciadamente no me permitieron hacer fotos con mi tarjeta de memoria.

¿Y la 40D? Pregunté por ella al llegar al stand y una amable señorita me envió a la zona profesional. Tras la media hora de rigor haciendo cola y una vez dentro del sancta sanctorum, pregunté por ella. "No, esa cámara se encuentra en otra parte del stand, ésta es la zona profesional". Sin comentarios; así desaniman a cualquiera.

Veo a Canon un poco triste. Han vuelto con la política agresiva de descuentos, apenas tres meses finalizada la anterior; no es un buen signo pues indica una cierta presión para activar las ventas que no deben acompañar a los planes de marketing. Los Nikoneros andan crecidos, sacando pecho, y por detrás hay una pelea de gallos para ser el tercero en discordia. Mientras, el departamento de diseño anda un pelín disperso y sin dar abasto al frenético ritmo de renovación del material que ¡ironías de la vida empresarial! la propia Canon marcó al resto de la industria: la 5D sin renovar, la 400D empezando a languidecer, los problemas, supuestos o no, del sistema de enfoque de las 1 Mark 3, la ausencia de nuevos objetivos EF-S (¿dónde está el ultrazoom estabilizado?), el vetusto 24-70 sin estabilizar, un sistema de flashes inalámbricos que no pueden controlarse directamente por la cámara. No sigo que acabaré aburriendo hasta las ovejas: Canon, toca espabilar.

El tercero en discordia.
Cuatro fabricantes se disputan ferozmente la tercera plaza en el mundo de la fotografía réflex. Es una dura competición, lastrada por los elevados costes de desarrollo de la gama de productos, por unos márgenes menores que los obtenidos por los dos primeros y por un mercado potencial menor.

Pentax ha pasado por la feria sin pena ni gloria. La marca andaba un poco perdida en el stand de Reflecta, junto con la oferta de objetivos de Sigma. Después del lanzamiento de la K10D, cámara que ha roto esquemas al proporcionar unas prestaciones semiprofesionales a un precio excelente, una gama de objetivos pendiente de renovación para incluir motores ultrasónicos de enfoque y, sobre todo, la carencia de una imagen de marca potente en el mercado fotográfico actual hace que el público en general la deje un poco de lado. Y es una lástima, porque la herencia fotográfica de la marca es legendaria. Veremos qué le depara el futuro, tras su adquisición por parte de Hoya.

Tras la compra de los activos fotográficos de Kónica-Minolta a principios de 2006, Sony ha trabajado duro y en silencio para renacer de las cenizas minoltianas con un sistema sólido y equilibrado. La gran ventaja de Sony frente a la competencia, exceptuando a Canon, es su maestría a la hora de diseñar y fabricar los sensores, el corazón de la moderna industria fotográfica. El lanzamiento de la Alfa 100 fue un poco triste pero de una aplastante lógica empresarial: primero el modelo destinado al mercado masivo de las réflex. Ahora, con la Alfa 700, se empiezan a ver los frutos de casi dos años. La cámara lo tiene casi todo: el nuevo sensor CMOS de 12 Mpíxeles con el innovador sistema de tratamiento de la señal en el conversor analógico digital (cuatro mil dispositivos de este tipo, integrados en el sensor, acortan el camino analógico de la señal reduciendo -eso dice el fabricante- el nivel de ruido).

Sony ha mezclado cuidadosamente ingredientes tecnológicos adquiridos a Minolta como el sistema de enfoque, la excelente pantalla de enfoque o el sistema de estabilización. Le ha añadido su sabiduría electrónica con el nuevo sensor o el procesador digital de señal (Bionz, toma ya nombre futurista y galáctico para una triste pieza de silicio encapsulado en plástico), lo ha salteado con condimentos picantes como la nueva pantalla LCD de tres pulgadas y resolución VGA y lo ha servido con una guarnición sofisticada como la nueva empuñadura vertical de concepción revolucionaria.

Pero no todo es la cámara; el sistema es lo que importa. Aprovechando la gama existente de objetivos Minolta, Sony está añadiendo nuevos modelos con la etiqueta Zeiss encima. Si consigue hacerse pronto con una gama razonable de zooms Zeiss adaptados al tamaño APS-C del sensor, tendrá muchas posibilidades de aprovechar el tirón proporcionado por la nueva cámara y alcanzar la tercera posición a la que dice aspirar.

¿Y los cuatro tercios? Este esfuerzo por reinventar la fotografía réflex en la era actual es fácilmente criticable. Olympus, Panasonic y la cada vez más irrelevante Leica son los únicos fabricantes que ofrecen productos compatibles. De los tres, nadie puede negar que Olympus ha apostado la división fotográfica a esta carta. Su stand era -como es habitual en Sonimag- un despliegue sensacional de medios. Cámaras, objetivos, accesorios, aula, de todo, había de todo, hasta un mimo dando vueltas por allí.

¿y que le falta a Olympus para imponerse? Pues la cámara. Su oferta sigue centrada exclusivamente en la réflex barata. No le vamos a pedir un modelo profesional, sobre todo porque con la tecnología actual, el pequeño tamaño del sensor cuatro tercios (13,5 x 18 mm.) impide resoluciones altas con niveles de ruido bajos. Dicho esto, si quiere hacerse un sitio definitivo bajo el sol tendrá que desarrollar una gama con tres escalones hasta llegar a un modelo de aficionado entusiasta. Lo más raro de toda esta historia se dio en el arranque de su aventura cuatroterciaria, cuando anunció la primera cámara cuatro tercios: la E-1. Sorpresa absoluta por tratarse de una cámara de tipo profesional (con notables carencias). ¿Un movimiento pensado para prestigiar toda su gama? Pues no lo sé. Lo que vino después es una sucesión de modelos de aficionado y un cambio de suministrador de los sensores, abandonando a Kodak y echándose en los brazos de Panasonic, a la que suministra componentes para su gama de cámaras.

Tras más de cuatro años la E-1 sigue sin sucesora, apenas quedan profesionales con Olympus y los aficionados que esperan una cámara a la altura de los impresionantes teleobjetivos o de ese ultra gran angular 7-14 mm. se están quedando sin uñas que morder. Da un poco de risa ver lo que se oculta detrás de la montura del 300 mm. F2,8 de la marca. Si es que la cámara apenas se ve, la E-510, lo mejorcito de Oly... Una pena, la verdad. Dicen que el 17 de octubre se desvelarán las características de la nueva cámara que sucederá a la E-1. Con la competencia al nivel que está, más les vale acertar tanto en prestaciones como en precio. Oly se la juega. Suerte.

Visitemos virtualmente el otro lado de los cuatro tercios: Panasonic o Leicasonic, como prefiero llamar al esfuerzo de esta empresa para hacerse un hueco en le mundo réflex al que llegan sin tradición fotográfica. No sabría decir el porqué pero me gustan sus productos, en especial una cierta coherencia en su diseño y en la forma de llevar a cabo el camino que se extiende desde las especificaciones hasta el resultado final. Tras trabajar constantemente el segmento de las compactas ultrazoom han hecho cámaras muy interesantes, como la FZ-50. En el mundo réflex siguen aliados con Leica para que les diseñe y firme los objetivos y con Olympus para que les proporcione los componentes óptico-mecánicos indispensables: espejo, sistema de enfoque y alguna cosilla más, como el sistema anti polvo.

Leicasonic debutó en el 2006 con una cámara elitista, básicamente un ejercicio de diseño en busca de un reducido grupo de clientes nostálgicos del pasado. La L1, carísima pero con el interesante objetivo Vario-Elmarit 18-50 F2,8 estabilizado y con ¡oh cielos! anillo de apertura en el objetivo. La L1 imita en su forma y en sus controles a una cámara telemétrica; hasta se sacrificó la empuñadura para mantener la ilusión. Lógicamente el mercado la ignoró; en tiempos de cambio el consumidor es sabio y se vuelve conservador.

No pasa nada, el grupo empresarial que está detrás de Panasonic tiene los bolsillos grandes y, no hay que olvidarlo, esta cámara sirvió para probar si Leicasonic era capaz de fabricar una réflex. Una vez la prueba superada, pasamos al segundo capítulo: la L10. En una elegante pirueta de marketing la cámara imita a la FZ-50, con lo que se dirige descaradamente hacia los clientes de la marca y consigue la apariencia de una cámara réflex tradicional, puesto que las ultrazoom de Panasonic han imitado descaradamente a las réflex actuales.

El esfuerzo llega tan lejos que, si se mira la cámara en marcha desde la parte posterior, es fácil confundirla con una FZ-50. La principal novedad de la L10 se manifiesta en la implementación de la vista previa, igualita a la de una cámara compacta: enfoque por contraste y medición de la luz a partir de la señal de vídeo del sensor, histograma en tiempo real y pantalla orientable. De hecho, la L10 es dos cámaras en una: un sistema réflex completo mas una cámara compacta: curioso ¿no? Me pregunto para qué hace falta una réflex si al final queremos que imite en su forma de funcionar a una compacta, con todas sus limitaciones. En fin, me estoy haciendo mayor; Leicasonic sabrá.

Por lo demás, la cámara se venderá a partir de noviembre de 2007 en forma de kit con el nuevo Leica Vario-Elmar 14-50 mm. F3,5-5,6 estabilizado y rondará los 1.200 €. Además se añade un tercer objetivo a la gama: el Leica Vario-Elmar 14-150 mm. F3,5-5,6 estabilizado, la primera incursión de Leica en los ultra zooms del formato Cuatro Tercios. Un valor añadido para esta cámara es la disponibilidad de toda la gama de objetivos Olympus gracias a compartir la montura Cuatro Tercios. Desde luego, objetivos no le van a faltar.

¿Y los demás? Pues por ahí andaban. Leica, perdida en un pequeño stand que no despertaba apenas interés (ahora que todos los dueños de Ms dispuestos a hacerlo se han pasado al mundo digital con la M8), Hassy a lo suyo, foto de estudio y toneladas de píxeles, Fuji dando penita con su clon de la D200 y el sensor de seis megapíxeles de alto rango dinámico y los fabricantes de compactas observando cómo se les pasa el arroz y pierden el interés del público a pasos agigantados. Para muestra, un botón: el stand de Casio sin apenas visitantes.

La revolución de las réflex pasará: la ola de la digitalización le ha alcanzado de lleno, como hizo antes con las compactas, y pronto llegará la resaca. La gran pregunta es qué porcentaje del mercado fotográfico acabará pillando, porque lo que está en juego es el tamaño del mercado a largo plazo y el número de fabricantes que sobrevivirán. Dejando aparte los especializados (formato medio o superior, Leica, tal vez Zeiss), tres es una apuesta segura y conservadora; de cuatro a cinco entra dentro de lo posible y una cifra mayor requiere un ejercicio de optimismo. Sonimag 2007 ha sido un buen ejemplo de la carrera de las réflex en una industria que produce más imágenes que nunca, cuya competitividad no hace más que crecer y donde hacer dinero es una tarea más y más complicada.

El álbum fotográfico se impone.
En el salón de la derecha de Sonimag se localizan los stands de la industria auxiliar: revelado, minilabs, material para estudio, tiendas, atrezzo, álbumes, etc. Si hace dos años los kioscos y las impresoras domésticas de sublimación hacían furor, éste es el Sonimag de la autoedición: nos quieren convertir en editores de nuestros libros fotográficos.

Dura tarea, sacar adelante un laboratorio convencional en los tiempos que corren. La clientela se harta de hacer fotos, pero no las positiva. Las ve en el PC, en la tele, en la PDA o en el marco digital; las sube a Internet o las envía por correo electrónico para compartirlas, pero es reacia a llevarlas a papel. Y cuando se decide a hacerlo, el aficionado tiene un abanico de opciones inexistente hace diez años: la impresora de sublimación para tamaños pequeños y sin necesidad de ordenador, la impresora A4 o A3 de chorro de tinta, el kiosco fotográfico en el fotógrafo del barrio o en el centro comercial y, finalmente, el positivado tradicional. Resulta evidente la necesidad de proporcionar al cliente un producto que pueda competir con los anteriores, y la respuesta de la industria del revelado ha sido el álbum a medida, más conocido como álbum digital.

Como si les fuese la vida en ello (y probablemente sea así), no había laboratorio que no ofreciese una gama amplia de álbumes digitales dirigidos tanto al fotógrafo de actos sociales como al aficionado. Los hay caros, carísimos y algunos a precios razonables. En cuanto a tecnología, la gama profesional se decanta por el papel positivado reforzado para que simule las páginas de un libro mientras que para el aficionado el chorro de tinta sobre cartón fino y rígido es la opción mayoritaria, aunque empieza a aparecer la opción del papel fotográfico a precios razonables.

Pero el libro a medida no es una solución para todos: hace falta un PC, descargar, instalar y aprender a utilizar el programa de autoedición que proporciona el laboratorio, dedicar un considerable tiempo a elegir y maquetar el libro, enviarlo por Internet, pagarlo y esperar el resultado. Aunque el producto final es de calidad y genera un gran valor añadido al laboratorio, no deja de ser un producto minoritario con una implantación progresiva. Y como ocurre con todo cambio de modelo empresarial, aparecen actores en escena ajenos al colectivo de empresas del sector; no es casualidad que el álbum más popular entre los aficionados españoles se llame Hofmann, empresa dedicada anteriormente a la producción de artículos auxiliares como marcos y álbumes convencionales para fotos.

Pronto se verá en que queda todo esto. ¿El aficionado volverá a disfrutar del placer de la foto impresa? ¿O los nuevos medios de visualización electrónica acabarán con el soporte papel? Hace poco vi la primera pantalla LCD de televisión de alta definición con sus 2 Mpíxeles por cuadro y, la verdad, me sorprendió. Está claro que la recreación de la foto ante nuestro ojos es un apetecible pastel para empresas de origen y actividad diversos. Los laboratorios harán bien en ofrecer álbumes fotográficos de calidad, a buen precio y fáciles de componer o se van a enfrentar a un panorama desolador.

La invasión china.
Marcas que sólo algunos intrépidos conocían de ebay, este año aparecen en stands pequeños y periféricos. Y no son pocos: la industria china de la fotografía ha desembarcado en España buscando, sobre todo, distribuidores. Había un poco de todo, desde material para estudio (flashes, paraguas, cajas de luz, atrezzo, hasta una maquinita que hacía pompas de jabón), trípodes, rótulas, visores acodados, empuñaduras, de todo. Por citar una anécdota, en un stand se ofrecía la empuñadura Wifi para la reciente Canon 40D.

Aplicando su tradicional vitalidad, China demuestra que no sólo es la factoría del mundo occidental y que está dispuesta a dar el salto y producir tecnología con calidad y a precios imbatibles. Lo dicho, ha llegado la invasión china.

El espectáculo debe continuar.
Sonimag llegó y pasó. Un nuevo éxito de asistencia, un certamen que goza de buena salud y es toda una fiesta para los amantes de la fotografía. Pero el pulso de la industria se ha desplazado a Internet, donde casi todos los días se asiste a la presentación de novedades casi en tiempo real, convirtiendo las ferias en puntos de encuentro entre el consumidor y los artículos que sólo ha visto pero no ha podido tocar. Este año los expositores han demostrado que entienden adecuadamente el papel que les toca interpretar, sacando los productos de las vitrinas y dejándolos en las manos de los clientes potenciales, a la vez que intentaban con más o menos fortuna explicar sus ventajas. Espero que el próximo Sonimag consolide esta tendencia y se convierta en otro gran éxito.

Visita la galería "Sonimag 2007: las imágenes"